domingo, 10 de enero de 2016

Las 22 ideas peregrinas del nuevo ministro de economía, Luis Salas

El nombramiento del nuevo ministro de economía productiva Luis Salas nos lleva a leer sus propagadas-tesis contenidas en el folleto editado por la editorial El perro y la rana, titulado 22 claves para entender y combatir la guerra económica. Un primer juicio es que se trata de un batiburrillo que resume ignorancia e incoherencia. Aun cuando estamos alejados del estilo del debate político que se ha impuesto en Venezuela —basado en la diatriba encendida y estridente, pero a la vez escondiendo los principales problemas del país—, analizar las letras contenidas en el escrito del nuevo ministro de economía Luis Salas nos lleva a esta dura sentencia, que nada tiene que ver con el sainete de marras: en este escrito se aprecia claramente un desconocimiento sobre cuestiones fundamentales y de primer orden de la economía y, por tanto, de los problemas nacionales.

Hay que hacer un esfuerzo adicional para comprender lo redactado en el folleto en cuestión. Se convierte, sí, en un alerta que nos permite asegurar que —de adelantarse una política económica basada en estas ideas— se profundizará el desastre que vive Venezuela. Arranca la clave número 1 con un claro desconocimiento acerca de la inflación. Dice el autor:  La inflación no es una distorsión de los mercados. Es una operación de transferencia de los ingresos y de la riqueza social desde un(os) sector(res) de la población hacia otro(s) por la vía del aumento de los precios. En lo fundamental, esta transferencia se produce desde los asalariados hacia los empresarios, pero también desde una fracción del empresariado hacia otra fracción de los mismos.

Eso lo genera la inflación pero no la define. La inflación es producción de papel moneda sin respaldo. Sólo eso. De allí la necesidad del equilibrio fiscal con base en el crecimiento y desarrollo económico y no en la reproducción de papel moneda. No distingue el autor la diferencia entre papel moneda y dinero. Apenas señala una consecuencia: la afectación en la distribución de la riqueza en favor de unos capitales, los que más centralización han alcanzado, no concentración como señalara el autor. La inflación empobrece a los trabajadores y conduce a más explotación del trabajo. Por ello la inflación es una tendencia dominante en el régimen de producción capitalista. Pero la responsabilidad de la inflación la tiene el gobierno que emite papel moneda sin hacer nada por el crecimiento y desarrollo económico del país que permitirían que la cantidad de dinero circulante esté en correspondencia con la masa de bienes y servicios a ser transados, con lo que no habrá incremento de los precios vía inflación. Para que esto sea así se debe cumplir con el principio según el cual: "... la emisión de papel moneda debe limitarse a aquella cantidad en que sin él circularía necesariamente el oro (o la plata) representado simbólicamente por ese papel" (Marx, El capital, tomo I, capítulo 3).

No ubica el autor que una cosa es inflación y otra aumento de precios. La inflación es aumento de precios, pero no todo aumento o disminución de precios es inflación o deflación. Este error en el que incurren muchos economistas —algunos sin reflejar tanta ignorancia como en el caso que nos ocupa— crea confusión y nos aleja de otros problemas. 

Es por ello que, bajo esas premisas, el autor se mete en otras ideas erróneas cuando afirma en la clave 2 que: "... de lo que estamos hablando es de especulación, usura y acaparamiento". No ubica el novel ministro que las inexorables leyes del capitalismo —tan sólidas como las que se cumplen en otras formas en que se expresa la materia, valga el caso de la ley de la gravedad— conducen a la realización de estas tendencias. La inflación, que es una responsabilidad exclusiva del gobierno, conduce a una presión de demanda ya que la gente busca salir del dinero y hacerse de bienes para proteger un tanto sus ingresos. Esa presión de demanda hace que suban aún más los precios. Esto es, se crean condiciones para que la especulación se afiance. Recordemos que uno de los componentes fundamentales de la economía capitalista es el principio según el cual todo comerciante busca comprar barato para vender caro. Si las condiciones del mercado le permiten vender muy caro y obtener jugosos beneficios, pues, bien, lo hace. De allí que el principal estímulo de la especulación proviene del gobierno. Además de que sabemos que quienes han estimulado y hasta organizado a los bachaqueros son los mismos agentes políticos del gobierno. El comercio del cemento, para poner un ejemplo, es controlado por el gobierno, su precio se incrementa en la intermediación a escalas insólitas. En Nueva Esparta, por ejemplo, un saco de cemento cuesta dos mil bolívares. Bajo control del gobierno.  


Sumemos que, como resultado de la política económica erosiva del aparato productivo durante este largo período, se han creado niveles de escasez nunca alcanzados en la historia moderna de la economía venezolana. A la presión de demanda producto de la inflación se suma la de esta circunstancia. La escasez, la inflación y la vigencia de tres tipos de cambio oficiales, más el mercado paralelo, hacen que los precios sean propios de la especulación. La guerra económica la adelanta el gobierno. No sólo es el responsable, también la alimenta y muchos de sus agentes le sacan beneficios.


En las claves número 3 y 4, Luis Salas hace gala de su idea subjetiva en relación con el asunto de los precios. Desde la perspectiva de Marx el asunto es a la inversa a como lo aprecia Smith, en el sentido de que el afán de lucro es el resultado de la función de la producción capitalista. No es el afán de lucro lo que determina la función de la producción y las relaciones capitalistas. De la condición objetiva que supone la producción de plusvalía, junto a otras leyes del desarrollo capitalista como el comportamiento de la cuota de la ganancia, emerge una forma de conciencia en correspondencia. De tal manera que las determinaciones del precio obedecen al valor de las mercancías y no al afán de lucro. Es un hecho objetivo. Sus fluctuaciones obedecen a la relación entre oferta y demanda. Circunstancia que, en condiciones normales de una economía burguesa, se presenta de manera transitoria. Hablamos de una economía productiva.

Remata en la clave 5 con esta perla: "La inflación no existe en la vida real". Idealismo grosero que parece ser burla de lo que viven los venezolanos cuando van a comprar cualquier mercancía. La inflación es una de las formas como se expresa el incremento de los precios como resultado de la emisión de papel moneda sin respaldo lo que hace que el signo monetario pierda su condición de equivalente universal.

Pero la incomprensión o ignorancia al respecto llevan a que el nuevo ministro llegue a la conclusión en la clave 6 de que: "El control de precios en los mercados es un falso problema porque en los mercados los precios están controlados: en realidad, cuando los economistas se refieren al control de los precios como problema, se están refiriendo al control de precios por el Estado". La ley del valor establece que el precio se determina en torno del tiempo de trabajo socialmente necesario para la producción de un bien. Cuando la fuerza de la oferta y la demanda de un bien se encuentran anuladas, el precio se sitúa en torno del valor. Por ello la idea del precio justo es una cosa tonta. En el precio de una mercancía se incluye a) lo correspondiente al pago del salario de los trabajadores, esto es, el capital variable en el que invierte el capitalista; b) lo atinente a los medios de producción; y c) la plusvalía de la que se apropia el capitalista en su condición de dueño de los medios y del proceso de trabajo y producción. No es el oferente quien determina los precios. Es un hecho objetivo. Por eso es que la teoría objetiva del valor —cuyos padres son William Petty, Smith y Ricardo y que fue elevada al mayor rigor científico por Marx— parte de la premisa de que es el trabajo lo que determina el valor de la mercancía. No es la idea metafísica mercantilista de que el mercado determina el acrecentamiento de la riqueza, ni la teoría subjetiva que establece que el precio lo determina la relación de necesidades ilimitadas y bienes escasos. Pero el mercado se mueve. Momentos en los cuales cae la demanda caen los precios. Aumenta la demanda en relación con la oferta, los precios suben. O bien, cuando el desarrollo de las fuerzas productivas hacen que el valor de los bienes sea menor, porque el tiempo de trabajo socialmente necesario es menor, el precio de la mercancía cae. Es lo que confunden muchos economistas con deflación, aunque esta también existe pero sujeta a cuestiones atinentes al circulante limitado de papel moneda en relación con el volumen de bienes en circulación. Así, mientras en Suiza los precios de las mercancías caen, producto de la deflación y el incremento de la productividad del trabajo, en Venezuela contamos con la mayor escalada de precios del mundo, siendo la inflación más de 300% el año pasado. Esto parece ignorarlo el ministro. Seguramente en Suiza el afán de lucro es similar al de Venezuela, sólo que las leyes de las relaciones de producción y de cambio se les imponen a los capitalistas suizos. Esto es, los precios son más bajos no porque los empresarios suizos tengan mejor corazón que los nativos.

La clave 7 resume una falsedad y una justificación. Los altos precios pueden representar una tendencia histórica ciertamente, pero sujeta a políticas económicas que pueden atemperarla e incluso anularla. Lo que no supone un cambio en las relaciones de producción. Dos cuestiones que se verían expresadas es que se eliminaría un mecanismo de mayor explotación del trabajador y, por ende, de mayor ganancia del capitalista. Que la especulación pudiese ser controlada no significa que desaparezca el principio del comercio capitalista de comprar barato para vender caro. La herencia de un tal modelo y de una intención de la burguesía parasitaria para que no sea cambiado solo indica su naturaleza antinacional, con lo cual el régimen chavista ha sido consecuente.

El corolario de estos escritos es la temeraria conclusión a la que llega en la clave 13 donde sentencia que: "La guerra económica es la reacción del sistema capitalista para conjurar el germen socialista que lo amenaza". Luego de indicar que el praneo es la base del orden burgués, malinterpretando a Smith y mucho más a Marx, señala el ministro que esta supuesta guerra económica se ve sustentada en la acción de pranes que crean inflación, escasez y acaparamiento.

Como podemos apreciar, Luis Salas apenas indica un sui géneris conjunto de ideas acerca de la supuesta guerra económica, una que otra idea de cómo enfrentarla, pero nada coherente en relación con el diseño de una política para superar la crisis. Las claves 19, 20, 21 y 22 son la reivindicación de los controles al margen de una política económica de contenido nacional y popular. El subjetivismo e ignorancia de la ciencia económica —junto con la reivindicación de criterios que pretenden mantener un sistema de controles que afianzan la especulación— profundizarán la catástrofe que vivimos. Los controles deben existir de cara al crecimiento y desarrollo económico. Control de calidad para que la producción nacional sea cada vez más competitiva. Control de precios en el marco del crecimiento sustancial de la oferta de bienes y servicios de producción nacional. Control de las importaciones y el otorgamiento de dólares preferenciales para bienes de producción que permitan elevar el producto interno. Pero el control para el chantaje en un contexto de erosión del aparato productivo conduce a un incremento de la especulación.

Salir de este desastre supone antes que nada un análisis riguroso acerca del origen y naturaleza de la crisis. De allí la posibilidad de definir alguna política económica. Partimos de considerar que toda política económica conduce al favorecimiento de un sector de la sociedad en detrimento de otro. En Grecia, caso emblemático de estos tiempos, se asumió en medio de una crisis profunda una política económica que busca aumentar la capacidad de crédito para así cumplir con los requerimientos de la banca internacional que busca asegurarse el retorno de los créditos otorgados de manera ligera, por decir lo menos. Se le saca del bolsillo al trabajador para cumplir compromisos contraídos que para nada se tradujeron en desarrollo de las fuerzas productivas.

En Venezuela —amparados en el precepto constitucional de alcanzar el equilibrio fiscal con base en el crédito público—, la política económica parece dirigirse en la misma dirección. Mermados los ingresos petroleros se busca incrementar la recaudación fiscal tributaria, mientras se aumenta la deuda pública interna y externa. Pero no se toma medida alguna que atienda lo fundamental de la economía. Esto es, no se toma ninguna decisión que permita un crecimiento de la producción, lo que supone una canalización del ahorro social para la inversión productiva. En ese sentido, el sociólogo Luis Salas parece un buen partido para darle continuidad a las orientaciones que profundizan el desastre y la entrega del país al gran capital internacional y favorecen a los importadores, especuladores y usureros.

Carlos Hermoso
7 de enero de 2016
(*) Trabajo realizado para www.efectococuyo.com

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Hacia dónde vamos con la nueva Asamblea Nacional

Hemos dicho que el despotismo en Venezuela es directamente proporcional al comportamiento de los precios del crudo. Si partimos de que la base material del despotismo en nuestro país la encontramos en el petróleo, entonces es una tendencia de larga data. Un siglo lleno de vaivenes pero siempre la tendencia despótica ha estado presente desde Zumaque I. El despotismo se explica en la distribución, por parte del déspota, de un recurso de propiedad colectiva, estatal, y en Venezuela data desde el decreto de Simón Bolívar para tales efectos, firmado en 1829 en Quito, a su vez herencia de la corona española.

Esto es lo que le ha permitido al Estado venezolano hacerse de inconmensurables riquezas bajo ese principio. Chávez se convierte en lo más conspicuo de esta forma de dominación. Personalidad carismática que logró seducir a los más pobres y buena parte de los sectores medios, de la intelectualidad, entre otros, mientras se acordaba con la oligarquía financiera una Constitución a su servicio que incluía aspectos contemplados en los acuerdos multilaterales de inversión (AMI), como el trato igual de capitales. Unido a lo cual se instaura un régimen político con sustento eleccionario.

Al recordar esto, no planteo que la riqueza petrolera y otros recursos no deban ser propiedad estatal, pero sí que su uso debe realizarse con base en la inversión para el desarrollo nacional y estar sujeto al dictado colectivo y democrático y no para aumentar el engreimiento del déspota de turno. Debe servir la riqueza petrolera para alcanzar la soberanía y satisfacer las demandas populares. No para que la distribución de la renta haga más ricos a los ricos y satisfaga las demandas de la oligarquía financiera.

Fuera de la escena el personaje en cuestión —asumido el legado por una personalidad mucho menos capaz para el engaño, y unida a esto una tendencia marcada a la caída de los precios del crudo—, el despotismo recibe serios pesos que parecen llevarlo al derrumbe. La política económica y social que brindaba recursos a amplios sectores ya no encuentra en la renta petrolera el recurso para su realización. En vez de apalancar el desarrollo del país, esta política condujo a la sustitución de la producción nacional por importaciones con los dólares obtenidos en el negocio internacional del crudo. Y como corolario queda la destrucción del aparato productivo, lo cual demanda de un cambio urgente en la conducción del país para su reconstrucción. De allí surgió la rabia expresada de dos maneras el 6 de diciembre. De una parte, la voluntad de los opositores a depositar su voto en la tarjeta de la mesa de la Unidad Democrática (MUD) en contra del gobierno, para darle mayor eficacia a la respuesta electoral. De otra, la inhibición de buena parte de los chavistas ante el descontento producto de los mismos problemas que sufren las grandes mayorías sin distingo, entre ellos la entronización de la inseguridad. Un sector chavista, que parece ser pequeño, voto también por la tarjeta de la MUD u otra de la oposición.

Ello explica que los despotizados —aquellos que reivindican esa irracionalidad expresada en el afecto al Comandante supremo, en el amor al déspota, y quedan subyugados a éste— se sientan traicionados por “esos pobres que recibieron un apartamento y comida, hasta elevarlos a clase media y hoy se inclinan a favor de la oposición”. No ve el despotizado que la vivienda es un derecho conculcado durante décadas, sobre todo en los últimos lustros. No ve que la alimentación es un derecho consagrado en la Constitución. Se atreven a decir que Chávez les dio vivienda y ahora lo traicionan. Pero quienes así piensan, quienes así se expresan de los “pobres desleales”, son aquellos que ven en el despotismo, en el déspota más bien, un fetiche que le permite legitimar aquello que señalara Marx —palabras más, palabras menos— de que el despotismo encuentra su base objetiva en la distribución por parte del déspota de la riqueza que depara la explotación de un recurso de propiedad colectiva. Por ello ahora el chavista parece querer desquitarse en los propios chavistas. Buscan hasta someter al escarnio a quienes se inhibieron. A despreciar a quien cambió de bando dada la decepción sufrida. El espíritu despotizado en muchos chavistas los lleva ahora a castigar a quienes los engañaron o traicionaron.

Pero la rotunda derrota sufrida por el chavismo era de esperarse. Solamente las mentes irracionales no podían ver que el descontento se traduciría en la inclinación el voto popular hacia la oposición y la inhibición del votante chavista como propensión. Dado el sistema electoral implantado en Venezuela, que viola el principio constitucional de representatividad proporcional, menguada en relación con la Constitución de 1961, el que gana obtiene de manera desproporcionada la representación parlamentaria. Así, la MUD obtiene más de 70% de la representación con poco menos del 60 % de los votos.

Nuevos escenarios asambleísticos...
Se abre un período bastante controversial. Por más que busquen entendimientos como los alcanzados desde 2013 a la fecha, cada sector recibirá las presiones de sus seguidores y de la propia realidad. Además, recordemos que la fractura en el chavismo está en pleno desarrollo y ebullición. Que no se exprese en mayores rupturas se debe a la búsqueda de maneras para frenar el derrumbe. Por su parte, la MUD —disminuida en cuanto a número de integrantes, con dueños claramente identificados— sufre lo propio. Más cuando es claro que la votación obtenida no supone un apoyo a sus políticas. La llamada economía del voto, principalmente para causar mayor castigo, es lo que le permitió sacar tal respaldo electoral, por lo que es de esperarse que en la oposición, representada en el parlamento, se produzca alguna que otra fractura. Sin embargo, creemos que en las primeras de cambio serán de poca monta, dada la autoridad política alcanzada por la MUD como institución, aun cuando no ofrezca nada salvo derrotar electoralmente al chavismo, a partir de lo cual se iniciaría “el cambio”, cuyo carácter y contenido son desconocidos.
La mayoría calificada de la MUD en la AN cuenta con facultades que le permiten convocar referendo revocatorio, hacer reformas constitucionales, producir cambios en los poderes públicos como el Tribunal Supremo de Justicia, la Defensoría del Pueblo, entre otros. Mucha gente voto por la MUD para que se produzcan medidas para hacer estos y otros cambios. Pero, como sabemos, el régimen desde el Ejecutivo y desde las otras instancias del poder tratará de frenar cualquier medida que signifique más pérdida de sus espacios conseguidos de manera arbitraria. A su vez, se trata de una circunstancia que pondrá en el tapete aquello de la heteronomía del poder burgués en medio de la profunda crisis que sufre Venezuela. Esto es, la llamada autonomía de poderes —ficción que permite legitimar las relaciones burguesas— querrá ser “rescatada” en este período por la MUD, aunque la contratendencia se verá expresada en la connivencia para la atención de los asuntos que ponen en riesgo el orden. Ubiquemos que a la MUD, por ejemplo, no le va mal con la Constitución vigente dados los artículos de orientación liberal que anulan las posibilidades de realización de los derechos ciudadanos, en tendencia, y que favorecen a la oligarquía financiera como el trato igual de los capitalista nacionales y extranjeros y lo concerniente al crédito adicional para alcanzar el equilibrio fiscal, principalmente. Asuntos que también serán obviado, colocando el centro de "los cambios" en cuestiones subalternas, dentro de un estilo de retórica encendida que no alude para nada a cuestiones fundamentales.
La mayoría calificada obtenida por la MUD, a su vez, pudiese permitirle al chavismo jugar con dos perspectivas. Descargar en la Asamblea Nacional algunas facultades y medidas, sobre todo de naturaleza económica y para compartir costos políticos dados los efectos nocivos que tendrían sobre los sectores populares, resume la primera. De caer en esta trampa, sin dudas que la oposición parlamentaria decepcionará a buena parte del electorado que le brindó su apoyo en aras de cambios en su favor. Algo de coherencia puede encontrar el gobierno con la oposición al frente de la AN, de mantenerse la política económica tercamente seguida durante tres lustros. Nos guiamos en esta afirmación por los intereses de clase que representan ambos bandos: el mismo.
Una segunda perspectiva, articulada con la anterior, es la de restarle facultades a la AN, a la mayoría calificada de la MUD. Sobre todo en materias políticas, el chavismo tratará de frenar la acción de la AN en combinación con el irrespeto a su investidura, apoyándose en la movilización hacia el parlamento de alguna de su gente para crear presión. Se trata del enfrentamiento permanente y la diatriba encendida para satisfacer los oídos del chavismo duro, mientras los convenimientos y maniobras guiarán permanentemente la acción política de los bandos. Seguramente se seguirá fraguando el convenimiento para salvar a Maduro y en términos más generales, al sistema. Ubiquemos que la naturaleza de la crisis demanda medidas en una dirección u otra. O a favor del interés nacional y popular, o en aras del continuismo de la dependencia del imperialismo chino o estadounidense, mientras se convienen en el saqueo de las riquezas del país. Se trata de una etapa que dará continuidad a la participación tras bastidores del poder imperialista. Yanquis, chinos y rusos, principalmente, se convierten en factores de primer orden para tomar determinaciones en el curso de los acontecimientos.
Se trata de un proceso muy contradictorio y controversial. Si hasta la fecha hay connivencia para sostener a Maduro —lo que llevó a la ruptura de la unidad política en torno de la MUD en 2014—, debe haberla, y con más razón, para este período. Pero a su vez, hay presiones. Las propias del gobierno para mantener sus espacios del poder público así como las demandas políticas de sus bases, dentro de contradicciones que abarcarán cada vez más a los sectores medios y de base. La MUD sufre lo propio, más cuando están claros en que el voto no fue a su favor sino en contra del gobierno. El apoyo de masas a la MUD seguirá siendo tímido mientras no se disponga a confrontar en favor de las demandas populares. Ese es un aspecto que le pudiese restar empuje a quienes hoy gozan de mayoría calificada en la AN.
Somos de la idea de que el chavismo se nucleará en torno de Maduro. No cuentan con la fuerza como para sacrificarlo. Tampoco la tienen como para negociar una salida con su presencia. La percibimos como una situación contradictoria. Pero tampoco la MUD cuenta con una fuerza suficiente como para trabajar en lo inmediato por su salida. Es más, habría que ver si en verdad quieren salir de Maduro. Y es que la crisis económica y social es de tal magnitud que buena parte de los factores de la oposición y del gobierno podrían guardar algo de compromiso para sostenerlo, dentro de un pacto histórico entre los factores del orden para mantener el sistema capitalista dependiente. En buena medida eso es lo que explica la postura de la MUD en los tres últimos años.

Perspectivas
La crisis que sufre Venezuela es de tal magnitud que demanda para su superación positiva de la realización de un programa de carácter nacional y popular, capaz de liberar las fuerzas productivas mientras se profundice la democracia. Ni la MUD ni el chavismo están interesadas en eso. Las diferencias entre estos factores del poder ciertamente existen. Incluso, son serias las contradicciones y la principal es el jugoso botín que supone el control del aparato de Estado en Venezuela. Representan cada factor intereses diversos de la oligarquía y de un imperialismo u otro, o de varios. Todo indica, por ejemplo, que los chinos muestran disposición y complacencia a negociar con la alternativa que representa la MUD. El chavismo, por su parte, nunca ha dejado de hacerlo con Estados Unidos. Unos representan un sector u otro de la oligarquía. El chavismo, por ejemplo, siempre ha tenido el sector importador en ventaja frente al capital productivo. El sector bancario en nada puede quejarse del chavismo. Para solo citar ejemplos emblemáticos de los intereses que representan. Las mafias chavistas cuentan con un inconmensurable volumen de riquezas que de seguro vienen articulándose a jugosos negocios con la banca, la especulación financiera, la importación, entre otros business. La corrupción, como mecanismo de acumulación de capitales, ha dejado lo propio en manos de estas mafias que hasta aparecen vinculadas al narcotráfico, si nos fijamos en la detención de familiares del matrimonio presidencial. Entretanto, sectores de la MUD pugnan también por convertirse en alternativa, pero para la oligarquía y el imperialismo.
Hay claros visos por parte del chavismo de querer compartir algo a cambio para mantener la connivencia de sostener a Maduro al frente de la primera magistratura. Pero los compromisos de lado y lado y las ansias por hegemonizar el control del aparato de Estado, en medio de la profunda crisis, harán profundizar las contradicciones a puntos de ebullición. Aunque la respuesta popular, la protesta de calle, sobre todo, pudiese hermanarlos como aconteció a raíz de los eventos de febrero-junio de 2014.
Ambos factores están conscientes de que la crisis de Venezuela es muy severa y demandará de medidas muy drásticas para el pueblo y el interés nacional, de cara a los sectores que representan. Esto es, por ser factores al servicio de la oligarquía financiera, se inscriben en la perspectiva de satisfacer sus demandas con una recomposición de la economía que les brinde los beneficios esperados. Sobre todo cuando el peligro del sistema esté en juego. Ello supone una política económica que volcará el peso de la crisis en las espaldas del pueblo trabajador y de los más necesitados. Las diferencias se pudiesen inscribir en la evasión que querrá hacer un sector u otro de las consecuencias y la raíz de esas políticas acusándose unos a otros. Por lo pronto, parecen hermanados en el aumento de la gasolina, con todo y la drástica caída de la demanda de la gente para adquirir lo básico para vivir.

La Asamblea Nacional con mayoría calificada de la MUD, debería...
Somos de la idea de que los asuntos a atender por la nueva AN, desde una perspectiva nacional y popular, pueden ser ordenados. En primer lugar los cambios contingentes y constitucionales en función de la salida de Maduro. Recordemos que a partir de abril de 2016 se puede activar el proceso revocatorio. Más allá, puede producir medidas en función de una constituyente o arrogarse la propia AN tal condición dada la mayoría calificada con la que cuenta. Cambios en la Carta Magna que afectan severamente la economía venezolana, comenzando por el artículo 301 que garantiza el trato igual a los capitales extranjeros que a los nacionales. El equilibrio fiscal con base en la deuda pública vía créditos adicionales debe ser borrado de la Constitución. Ubiquemos que este endeudamiento se realiza con base en una gran discrecionalidad dados los parámetros que se fijan para adquirirla. El equilibrio fiscal debe alcanzarse con base en la producción de bienes y servicios. Eso sí debe contar con rango constitucional.
Asimismo, puede la AN producir medidas en favor de los trabajadores atendiendo las modificaciones que se demandan de la Ley Orgánica del Trabajo en cuanto a que vulnera la autonomía sindical. Bajo el argumento de que como el Estado “está” a favor y “al servicio” de los trabajadores y del pueblo, e impulsa una “revolución socialista”, la acción sindical debe supeditarse al Estado y al gobierno. De allí que los funcionarios del Estado deben estar al servicio de la “revolución” (art. 45 de la CRBV; art. 21 DLOTTT), y por consiguiente, las nuevas relaciones deben irse fomentando por la vía del impulso de cooperativas, comunas, estatización de propiedad privada, EPS, etc., no por elevación de fuerzas productivas. La destrucción de fuerzas productivas que el régimen ha aupado es una acción retrógrada pintada de igualitarismo. Bajo esta orientación, además, se afianza el sistema de seguridad social sobre la renta petrolera. Consolidan y fomentan relaciones laborales desreguladas, flexibilizadas y anarquizadas, amparadas por discursos de solidaridad, trabajo “voluntario”, cooperación, etc.
La AN debería derogar decretos-leyes firmados por Chávez desde 1999 referidos a acuerdos de doble tributación con países imperialistas y de alto desarrollo tecnológico, por los que el Estado deja de percibir más de 17 mil millones de dólares cada año. Cuestión que hasta algunos pensadores chavistas lo han planteado. Asimismo, puede la AN derogar decretos-leyes sucesivos de promoción y protección de inversiones extranjeras que permiten garantías que comprometen el interés nacional.
Puede la nueva AN derogar acuerdos y compromisos internacionales que lesionan el interés nacional, tal como el acuerdo con China para la elaboración del mapa hidrogeológico en una superficie de 927 mil kilómetros cuadrados, el territorio nacional menos una ñinguita, que lesiona severamente nuestra soberanía nacional. Igual tratamiento debe darse a la presencia de Venezuela en Mercosur. Mientras no se alcance una escala de disminución de las asimetrías en relación con países como Brasil y Argentina de tal magnitud que permita la mayor competitividad en distintos rubros, mientras se protege la producción nacional, nuestro país pierde en este tipo de integración, mientras favorece a los más desarrollados.
Estos son aspectos fundamentales a exigir a la AN y la mayoría calificada. Todas estas disposiciones y más le darían un carácter de cambio verdadero a la nueva AN. Debe comenzar, por supuesto, con una amnistía abarcante de los presos y exiliados políticos.
Somos de la idea de que es mucho pedir lo escrito en los párrafos anteriores. Creemos que, por el contrario, esta AN se verá envuelta en serias contradicciones e inconsecuencias. Aunque las contradicciones pudiesen llevarla a decisiones que en el marco de la profunda crisis general desemboquen en rupturas de significación. En el transcurso, se deben apoyar aquellas medidas que permitan ejercer la función contralora de la AN. Que rescate su carácter deliberante y de foro sobre asuntos de importancia nacional. Que combata la corrupción y garantice la unificación presupuestaria. Si se atreve a activar la política y las medidas que conduzcan al revocatorio, hay que brindar todo el apoyo, unido a una política que vaya más allá de la mera salida del Presidente. Esto es, impulsando el programa político como base para superar la crisis y reconstruir el país sobre las bases de la democracia, el desarrollo y el bienestar.
Todo esto supone un proceso muy complejo que debe conducir a una política de unidad y alianzas en correspondencia con las tendencias, acontecimientos y objetivos. Las luchas están por venir en corto tiempo. La disposición de la gente a pelear ya no podrá ser frenada bajo la estrategia de esperar otra fecha electoral. La unidad de los factores políticos y sociales pudiese avanzar en una dirección inédita, a eso debemos estar preparados para asumir la avanzada en el proceso de articulación de fuerzas. La que corresponde a los sectores sociales en conflicto puede ser una constante dada la clara orientación de descargar en los trabajadores el peso de la crisis, a ello debemos brindar nuestros mayores esfuerzos.

Carlos Hermoso

Caracas, 16 de diciembre 2015

jueves, 29 de octubre de 2015

Universidad en trance


La incertidumbre forma parte de los llamados paradigmas que prenden en la conciencia de algunos de quienes conforman la comunidad universitaria. Como corriente filosófica dentro de las universidades del mundo occidental tiene asidero, pero otra cosa es cuando es el resultado de la vivencia universitaria. En las actuales condiciones de las universidades venezolanas, forma parte de un espíritu que agobia la cotidianidad. Incertidumbre en medio de un conflicto sin precedentes en la manera como se origina y como se desarrolla y es conducido, hasta llenar el campus de una soledad cuya compañía es un hamponato diverso que hace huir a cualquier morador de la comunidad.

Nace esta crisis como resultado de un proceso de descomposición que ya toca fondo. Nace, si atendemos lo fundamental, como resultado del cerco presupuestario y el deterioro de las condiciones del trabajo académico y de vida de quienes integran la comunidad. Estudiantes, profesores, empleados y trabajadores sufren de un desgaste material y espiritual que los hace sucumbir ante la más grande ofensiva contra la universidad.


Por eso, nace luego de mucho rato sin que exista respuesta ni propuesta académica frente al país, con el agregado de que en la universidad el espíritu de Hermes parece haber desplazado al de Prometeo. Esto explica por qué el actual conflicto se desarrolla y es orientado en un camino que afianza la incertidumbre.

Se configuran tiempos que nos llaman a reivindicar principios fundantes de una ética universitaria capaz de sembrar una cultura en la conciencia de la comunidad que pueda convertirse en fuerza material transformadora. La universidad como espacio democrático de encuentro supone lucha y propagación de ideas. La universidad como espacio que permite el rescate y reivindicación de lo positivo de la cultura universal. Como espacio para alcanzar la verdad. Que coloque a cada universitario como sujeto capaz de ponerse al servicio del saber y la búsqueda de la verdad sin que priven intereses subalternos. Que luche por hacer valer el principio de la gratuidad de la educación y de garantía de las condiciones laborales dignas para el docente-investigador y trabajador universitario, tal como lo establecen las leyes de la República.

¿Podremos pensarnos de manera crítica y autocrítica? ¿Podremos asumir nuestra condición con la profundidad y el compromiso que nos demandan? ¿Seremos capaces de asumir este conflicto de manera radical? De ser así, habremos dado un paso fundamental para enfrentar los retos que tenemos por delante. 

Por lo pronto, un conflicto que parece abstraído de la realidad, merece una atención y una disposición que lo enrumbe hacia propósitos claramente definidos. A estas alturas hay quienes aún se preguntan acerca de sus objetivos y metas. No es para menos, toda vez que no se han plasmado en una petición única las demandas institucionales, de profesores, de los empleados y obreros y de los estudiantes. Sumemos la estrategia realizada nada clara en cuanto a formas de lucha, organización y participación. Definición de etapas ni estrategia de negociación. 

La institución universitaria pública demanda un presupuesto que le permita alcanzar sus metas académicas, de investigación y extensión. El deterioro sufrido en los últimos lustros limita estas funciones. Parecen empeñarse en limitarla tanto como la que se ha producido en el aparato productivo de país. Tanto que se ha limitado el desarrollo cultural, mientras se estimulan abyectas conductas violentas en la sociedad. Por eso, existen sobradas razones para exigir presupuesto justo que permita el normal funcionamiento y mayor desarrollo de una institución que debe estar al servicio del desarrollo nacional.

Los estudiantes parecen ubicar el drama de manera parcial. Condiciones de vida y ambiente universitario en franco deterioro parecen no ser suficientes razones como para despertar las mentes jóvenes a asumir el reto que supone cambiar la universidad. Para algunos, una beca igual un salario parece una consigna exagerada. Muchos de quienes gozamos de ese derecho en tiempos pasados podemos afirmar que su monto estaba ciertamente por encima del salario mínimo vigente. El incremento de la matrícula, que supone incremento de la demanda de servicios, encierra una justa petición estudiantil. Por ende, deben incrementarse las providencias presupuestarias para tales efectos. En medio del conflicto parece lógico que el movimiento estudiantil levante peticiones que satisfagan estas demandas.

El profesorado, por su parte, no logra establecer con claridad cuáles son las metas a alcanzar así como la estrategia a seguir, más cuando el conflicto ahora se articula a condiciones que impiden el comienzo del período escolar. Somos de la idea de que se debe reivindicar la homologación del sueldo de manera más rápida. Esto es, la aspiración debe ser la escala móvil de salarios que permita enfrentar una escalada de precios que ya se percibe en el día a día. Ya vimos que el incremento salarial de 170% se quedó corto en relación con la inflación y el incremento de precios. Lo mismo sufren empleados y obreros. Este planteamiento bien puede unificar a todos los sectores de la universidad venezolana. 

Estas ideas bien pueden servir de base para la más amplia y sólida unidad universitaria para enfrentar el conflicto que sufrimos y darle perspectivas. Unidad que puede abrir la posibilidad de crear una dirección política capaz de articular las fuerzas y el talento que permita despertar el espíritu de cambio universitario. A ello brindaremos nuestros más caros esfuerzos. 

Caracas, 26 de octubre 2015
Carlos Hermoso

viernes, 10 de abril de 2015

Venezuela, crisis revolucionaria y pugnas interimperialistas

Estados Unidos ha dado un paso que guarda una mayor significación que la asignada por algunos analistas y partidos políticos. Independientemente del provecho que le saca el chavismo, se trata de un asunto serio. A su vez, ciertamente su atención política es bastante compleja y controversial. Veamos.

El paso dado por el gobierno estadounidense se ajusta a los tiempos y se corresponde con asuntos cuyo desarrollo ha alcanzado tal escala que lo fuerzan a responder con el impulso propio de un imperialismo que ve perder espacios, áreas de influencia, fuentes de materias primas entre otros aspectos. En el mejor de los casos, se trata de espacios que se han convertido en áreas en disputa con otros imperialismos o bloques imperialistas. Sería tonto pensar que se trata de un desliz al estilo Bush o que es una decisión personal del Presidente que no se ajusta a los requerimientos de la política estadounidense ni de la venezolana. Aun cuando puede ubicarse en una perspectiva multipropósito, se trata de un asunto bien pensado y cuyo costo y eficacia política han sido calculados.

Es en esencia una respuesta a la tendencia a la nivelación operada desde el asiento nacional del imperialismo estadounidense que ve claramente perdida la competencia frente a China en varios tópicos: manufacturero, financiero y de mercados y fuentes de materia prima, producto, a su vez, del desarrollo desigual de las potencias imperialistas. China —joven imperialismo, en el sentido leninista— desplaza a los avejentados imperialismos estadounidense, europeo y japonés en esos y otros aspectos, por lo que puja de manera firme hasta la eventualidad del encuentro militar, aunque hasta ahora de manera parcial, estimulando conflictos bélicos entre países sojuzgados contra otros, o armando al país que requiera de sus servicios, e incluso a grupos creados por ellos mismos. Esto lo hace uno u otro imperialismo.

Los estadounidenses en alianza con los europeos mediante la guerra recuperan áreas en disputa, o penetradas parcialmente del punto de vista económico por imperialismos que integran bloques rivales, como Libia e Irak. Más recientemente buscando conquistar nuevos espacios, como en el caso del conflicto en Ucrania y la guerra en Siria. Por su parte, China y Rusia pasan a defender espacios propios o conquistados. No respondieron ante la invasión, bombardeo y genocidio perpetrado por el bloque imperialista liderado por EEUU contra Irak y Libia, seguramente por tratarse de países en los cuales la consolidación de sus capitales no había permitido aún mayores articulaciones políticas y económicas, o que negociaron el reparto, o ambas. Cuando algún imperialismo “defiende” a algún país víctima de agresiones de otro imperialismo, no está motivado por la defensa de los intereses de las áreas o de los países penetrados por sus capitales, sino de sus propios intereses imperialistas. El teatro de la guerra, por lo pronto, son las áreas en disputa. Preparan el terreno a un nuevo reparto del mundo.

La tendencia guerrerista no se realiza en torno únicamente de áreas ricas en materias primas o mercados que permitan la expansión del comercio para colocar sus productos. Es así como puede darse el caso de conflictos en torno de áreas cuya importancia económica es subalterna pero, con tal de reducir los espacios del rival, se crean conflictos cuya resolución puede apuntar a la confrontación bélica. O bien, la “ayuda” que prestan a sectores adversos desde la perspectiva ideológica, religiosa, entre otras, con tal de crearle conflictos a un imperialismo u otro. Esta es una tendencia dominante en el imperialismo.

Pero la conflictividad guerrerista no es el comportamiento exclusivo de los imperialismos en este proceso. La lucha por espacios, el desarrollo de la pugnacidad permanente en medio de la articulación de capitales y la realización de negocios, supone el uso de otras formas de confrontación que incluyen la amenaza, la respuesta eufemística mediante la diplomacia, la infiltración de movimientos subversivos que siembran la inestabilidad, entre otras. De todo ello ciertamente no escapa Venezuela atizados estos desarrollos por el Departamento de Estado de EEUU, como tampoco escapan de esas políticas espacios “propios” de los yanquis, pero atizados por imperialismos rivales.

Este proceso alcanza dimensiones significativas en el caso que nos ocupa, toda vez que la articulación de capitales chinos y estadounidenses ha alcanzado tal dimensión que resultaba complejo ubicar claramente su desarrollo. La articulación de capitales conduce a que se compartan intereses. Capitales estadounidenses interesados en el mayor beneficio. Lo chinos también sacan su tajada. Esto es, la explotación de los obreros chinos brinda una plusvalía que permite ganancias a los inversores vengan de donde vengan y van dejando una cuota que los chinos van invirtiendo en desarrollos propios. Aprovechan el asiento nacional donde se produce la acumulación de capitales que ha conducido a la formación de la clase obrera más numerosa del mundo; asimismo, la burguesía alcanza la misma escala en comparación con las del resto de naciones imperialistas. Solo que en estos nuevos tiempos, dado el desarrollo alcanzado por China, la consolidación del bloque Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) es tal que sus decisiones económicas ya fuerzan a la asunción de decisiones políticas en terrenos que ponen en claro su ambición de convertirse en factor hegemónico del planeta, empujado principalmente por la supremacía mundial alcanzada por China en varios aspectos, principalmente en manufacturas, importación de materias primas y finanzas.

Para Venezuela este episodio puede convertirse en un hito de nuestra historia toda vez que nos coloca en el centro de las disputas interimperialistas sin haber alcanzado niveles de desarrollo en correspondencia con las riquezas con las que cuenta el país y los ingresos obtenidos mediante ganancias extraordinarias en el negocio petrolero.

China
China, en definitiva, pugna por convertirse en la potencia hegemónica. Lucha a muerte con Estados Unidos y otras potencias imperialistas por la hegemonía mundial. Su desarrollo desde el triunfo del revisionismo y la restauración capitalista le permite jugar ese papel. Contando con las ventajas que le brinda a la oligarquía financiera internacional, logró adelantar el proceso de acumulación de capitales más grande de la historia. Su alianza con Estados Unidos le permitió atraer capitales de las grandes empresas estadounidenses y, luego, japonesas y europeas, hasta lograr tal nivel de centralización que los fuerza a la consolidación de su asiento nacional. La concentración y centralización de capitales es de tal magnitud que “El número de multimillonarios chinos, aquellos que poseen un mínimo de 500 millones de yuanes (unos US$81 millones), ha alcanzado un récord, al superar los 17.000, según un estudio publicado hoy por la prensa oficial del país asiático”. http://www.eldiariodecarlospaz.com/mundo/2015/4/7/china-llego-millonarios-rompio-propio-record-10981.html. Bajo ese estímulo, China haya alcanzado espacios de significación planetaria y, en América Latina, Venezuela ha sido pieza clave de la penetración de los capitales del gran gigante asiático, cual punta de lanza o cabeza de playa.

Aparte de que la deuda estadounidense en manos chinas supera los 1,2 billones de dólares y otro tanto se encuentran en manos de Japón ─que a su vez cuenta con grandes capitales articulados a China─, al depender los asiáticos del mercado de EEUU para realizar sus mercancías, se ven impelidos a sostener esos elevados niveles de tenencia de papeles de deuda pública yanqui para que conserven la capacidad de consumo de los bienes asiáticos. Circunstancia que busca ser superada por parte de China mediante la expansión de sus mercados exteriores. Cuestión que se hace más urgente cuando EEUU sufre procesos recesivos, lo que ha llevado a China a ampliar su mercado interno ─lo cual propicia una mayor caída de su cuota media de la ganancia─ y sus mercados exteriores. Cae la cuota media de la ganancia ya que la ventaja que suponen bajos salarios se ve mermada por la elevación del poder adquisitivo de los chinos para que consuman mercancías nacionales. Ello es lo que explica, por ejemplo y no únicamente, que China haya superado a Estados Unidos a escala planetaria en su PIB a paridad de poder adquisitivo (PPA). De allí que: “El Fondo Monetario Internacional ya ha declarado a China como la mayor economía del mundo: representa el 16,479% del PIB mundial medido en Paridad de Poder Adquisitivo, frente al 16,277% que supone EEUU”
(http://actualidad.rt.com/economia/view/147462-aspectos-economia-mundial-china-superar-eeuu).

Asimismo, el avance chino en materia manufacturera también la impulsa a expandir sus mercados, tanto por aquello de que el desarrollo y crecimiento capitalista está sujeto a la dimensión del mercado, como por ser mecanismo fundamental para frenar la caída de la cuota media de la ganancia. Es así como China es la potencia imperialista más interesada en el librecambio a escala planetaria. Siendo la nación capitalista más competitiva del planeta, buscan los chinos que todas las economías se abran a sus mercaderías y a sus capitales. En eso Venezuela ha sido un socio consecuente que ha derruido buena parte de su aparato productivo para recibir las bondades del producto chino a cambio de brindarle materias primas de carácter estratégico.

Consecuente con lo anterior, buscan los chinos hacerse de mercados, fuentes de materias primas y receptores de sus inversiones directas e indirectas. Los capitales chinos, al ser más competitivos, dan ventajas y facilidades para penetrar economías y mercados. Productos más baratos y créditos con plazos más flexibles que los que impone la competencia, exigencias menos rigurosas que los que exige el FMI, entre otras “bondades”, le permiten conquistar mercados en todo el planeta.

A tal escala se ha producido el desarrollo chino que hoy día pugna por convertir al yuan en moneda de cambio internacional y de reserva. Por lo que esta tendencia lleva a que: “China tiene listo su sistema internacional de pagos, conocido como CIPS, para transacciones transfronterizas en yuanes. Será una realidad en septiembre u octubre de 2015”, informa Reuters (http://actualidad.rt.com/actualidad/168600-yuan-amenaza-dolar-china-lanzar-analogo-swift). Esta ya es una realidad en buena parte de Asia, en la relación con Rusia e India, entre otras. Venezuela parece trabajar en esta dirección.

Visto el desarrollo chino, cabe recordar las palabras premonitorias que al respecto nos dejara el dirigente albanés Enver Hoxha:

En estas condiciones, para llegar a superpotencia, China tendrá que pasar por dos fases principales: la primera, solicitar créditos e inversiones del imperialismo norteamericano y de los otros países capitalistas desarrollados, adquirir tecnología moderna para explotar las riquezas de su país, la mayor parte de las cuales pasará a título de dividendos a los acreedores. La segunda, invertir la plusvalía obtenida a expensas del pueblo chino en Estados de diversos continentes, como hacen en la actualidad los imperialistas norteamericanos y los socialimperialistas soviéticos.
Los esfuerzos de China por convertirse en superpotencia consisten, en primer lugar, en escoger los aliados y crear las alianzas. Hoy en el mundo existen dos superpotencias, el imperialismo norteamericano y el socialimperialismo soviético. Los dirigentes chinos han pensado que deben apoyarse en el imperialismo norteamericano, del cual tienen grandes esperanzas de obtener ayudas en el terreno económico, financiero, tecnológico, organizativo y también en el aspecto militar. El potencial económico-militar de los Estados Unidos de América es, efectivamente, superior al del socialimperialismo soviético. Los revisionistas chinos lo saben bien, aunque digan que América está en decadencia. En su camino, no pueden apoyarse en un socio débil, del cual no pueden sacar gran provecho. Precisamente porque los Estados Unidos de América son poderosos, los han escogido como aliado” (Enver Hoxha, El imperialismo y la revolución).

Por su parte, la pérdida de hegemonía de Estados Unidos no supone que se encuentre en minusvalía. Conservan, en primer lugar, la supremacía en la producción de bienes bélicos. Ocupa el primer lugar como consumidor y productor de armamentos, acaparando con ello 34% del mercado mundial. Es de reconocerse que sus más cercanos competidores son Rusia y China. El ritmo de crecimiento de China es muy superior al que refleja el de EEUU. De otra parte conservan el control de buena parte de los movimientos financieros a escala mundial. El dólar sigue siendo la principal moneda de cambio y de reservas. “El economista y exempleado del Banco Mundial Peter Koenig, en un artículo publicado por Global Research, recuerda que actualmente seis bancos estadounidenses gestionan las dos terceras partes de todos los activos bancarios del mundo” (http://actualidad.rt.com/economia/view/148162-banco-brics-primer-paso-desdolarizacion-economia).

A su vez, Estados Unidos y la Unión Europea, desde 2013, vienen negociando la configuración de la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión (TTIP), que pretende una integración librecambista que busca consolidar un bloque capaz de enfrentar al Brics. Desde la perspectiva europea, se busca romper el principio del “Buy American”, “compre americano”, que obliga a distintas entidades a comprar productos “Made in USA”, esto es, protegidos por el Estado. Desde la perspectiva estadounidense, buscar en el mercado europeo nueva capacidad de demanda de sus productos, vista la caída que se produce en su mercado interior dadas las políticas que buscan empobrecer al trabajador. Solo que en la Unión Europea las cosas no son distintas, sobre todo en Grecia, Italia y España. Por lo que estas negociaciones parecen un poco complicadas, de allí que la asociación no alcanzará metas concretas en el corto y mediano plazo. Mientras, en Brics da pasos agigantados estableciendo acuerdos estratégicos en Latinoamérica, Asia y África. Lo que fuerza a Estados Unidos a defender espacios, sin contar con la capacidad financiera ni de producción de otros tiempos, como no sea en la industria bélica. Se trata entonces de procesos en desarrollo que aceleran la competencia y la rivalidad por mercados y fuentes de materia prima.

Todo lo cual nos permite concluir en que se vienen acelerando los preparativos para un nuevo reparto de un mundo ya repartido. Entretanto, se presentan apenas conflictos que expresan las perspectivas hacia este dantesco escenario, fruto de las leyes de desarrollo del capitalismo en condiciones de monopolio.

En definitiva, las contradicciones interimperialistas transitan de manera más acelerada hacia la confrontación. Todo nos hace pensar que nos aproximamos a un salto cualitativo, dado el desarrollo del imperialismo chino y sus más cercanos aliados inscritos en primera instancia en el Brics, al cual Argentina pronto se unirá, vistos varios indicadores y actitudes. Se trata del principal bloque imperialista que supera en producción, mercado y capacidad financiera al imperialismo estadounidense, el cual se aferra a la industria bélica, a la especulación y a la preservación de su capacidad de demanda interna.

Cobra plena vigencia la afirmación de Stalin según la cual ley económica fundamental del capitalismo actual es:

... asegurar el máximo de beneficios capitalistas explotando, arruinando, empobreciendo a la mayor parte de la población de un país dado, esclavizando y despojando de manera sistemática a los pueblos de otros países, sobre todo de los países atrasados, por ultimo desencadenando guerras y militarizando la economía nacional, con vistas a asegurar el máximo de ganancias.

Las teorías propagandas durante décadas acerca de la morigeración del sentido nacional, de las fronteras, la teoría de “El Imperio”, entre otras, lucen tontas de cara a las tendencias en desarrollo. Cobran vigencia sí, de manera palmaria, las tesis leninistas acerca del imperialismo. Es más, solo a partir de ellas es como podemos analizar y comprender la circunstancia actual. No se trata de un acto de fe. Por el contrario, la corroboración empírica, como último criterio de verdad, es lo que a fin de cuentas le brinda plena vigencia al planteamiento leninista.

La perversa relación China-Venezuela
Refiriéndonos al mentado decreto de Obama, hay que decir que tendrá repercusiones durante un tiempo cuantioso ya que representa una “jugada” estratégica de Estados Unidos, que atiende también cuestiones colaterales del asunto: consolidar la penetración de capitales con asiento estadounidense —expresada en la ofensiva de la Exxon en aguas territoriales en querella entre Venezuela y Guyana—, atender la propia situación interna de Obama, como es la pérdida de aceptación de su gestión en la ciudadanía y la respuesta a los republicanos, que buscan ofensivas menos eufemísticas en las disputas interimperialistas, de momento, como la que se da en torno de Venezuela y en general de América Latina. De allí una necesaria respuesta desde la perspectiva marxista-leninista.

Para ubicar en su esencia la relación China-Venezuela y el decreto Obama, comenzamos por afirmar que sin comprender el significado del revisionismo moderno en sus distintas manifestaciones o expresiones no es posible atender el problema de manera rigurosamente científica. Hemos insistido en este largo período en que el chavismo ha orientado los destinos de Venezuela desde una perspectiva antinacional y antipopular. Que se trata de un régimen despótico que se sustenta en una expresión del revisionismo. De raíces más en correspondencia con el revisionismo de izquierda, por su sustento irracional y mitológico. Ubiquemos que la estructura económica venezolana se ha configurado en buena medida ha estado determinada por la producción petrolera, recurso propiedad del estado venezolano. Base objetiva para que el despotismo sea una tendencia dominante en la superestructura política. En este sentido, el revisionismo, como superestructura burguesa, debe crear una forma de falsa conciencia en torno del socialismo, para lo cual la fraseología es un aspecto de primer orden. Ello es lo que permite crear la percepción que estamos frente a una forma de realización del socialismo. A su vez, estimulando el resentimiento en su sentido primitivo y de revancha, recrea tesis revisionista en todos los aspectos, junto a una mitología que rescata figuras de la historia venezolana y del proceso revolucionario nacional y latinoamericano. Junto a esto se propaga una cultura identificada con el lumpen, su base social más importante que le permitió, en buena etapa de su historia un importante grado de legitimidad.

Se trata de un régimen político que ha cumplido con tareas fundamentales en el orden económico y jurídico que favorecen a la oligarquía financiera internacional y sus expresiones nativas. Que ha profundizado el papel de Venezuela en la división internacional del trabajo, afianzando la dependencia y el freno al desarrollo de las fuerzas productivas. Asimismo, logra el chavismo darle grado constitucional a demandas del capital contenidas en los Acuerdos Multilaterales de inversión como el trato igual a los capitales internacionales.

En esta última etapa bajo la teo­ría de propiciar un mundo multipolar, de enfrentar a “El Imperio” —teoría revisionista en este período de la modernidad—, ha propiciado una política económica de entrega de nuestras riquezas a China a cambio de préstamos que permiten en buena medida adquirir productos provenientes del acreedor, muchos de los cuales han venido a sustituir la producción nativa. Una política que nada tiene que ver con la defensa de la soberanía. Por el contrario, bajo la tesis de que la soberanía se conquista con el desarrollo de las fuerzas productivas de manera autónoma, podemos decir que Venezuela, al hacerse todo lo contrario, ha lesionado seriamente su soberanía al entregarse a la voracidad del imperialismo chino y de manera más general del bloque Brics. Buena parte de las importaciones de textiles, calzados, carnes, entre otros, proviene de Brasil. El parque militar ha sido nutrido con bienes provenientes de Rusia. Una de las cuestiones más lesivas de la soberanía nacional lo constituye sin dudas el acuerdo número 12 firmado con la empresa china “…Citic para la certificación, exploración y protección geológica de reservas minerales en Venezuela, para la elaboración del mapa minero del país” en febrero de 2012 entre el presidente Chávez por Venezuela y la República China, que les permitirá a los asiáticos conocer de nuestras riquezas antes que los propios venezolanos. La deuda contraída con China supera 60 mil millones de dólares. El parque automotor tiende cada vez más a ser nutrido por vehículos chinos. La entrega de la importante beta aurífera “Las Cristinas”, entre las más importantes del mundo, es otra muestra de esa relación. Esta entrega, eso sí, le ha permitido al gobierno obtener recursos para mantenerse en el poder.

China penetra en Venezuela, además de afincarse en las leyes del desarrollo capitalista, por la oportunidad que le brinda Estados Unidos, dada su debilidad para penetrar de manera más competitiva en la economía venezolana. La capacidad de exportación de China es muy superior a la de los gringos. El endeudamiento estadounidense con China los lleva a hacer concesiones significativas en la materia.

El régimen chavista ha convertido al país en cabeza de playa de la ofensiva china y ya se prepara para nuevos convenimientos que pudiesen servir de base para toda América Latina en la estrategia de convertir al yuan en moneda de cambio y patrón de reservas.

Sin embargo, fruto de que el mundo imperialista se desarrolla con base en acuerdos y negociaciones y rivalidades hasta llegar a la confrontación bélica, el régimen chavista se hace la vista gorda frente a los negocios que adelanta Guyana con Exxon para la explotación petrolera en aguas territoriales en disputa. La coincidencia del decreto Obama con el inicio de estas actividades, hacen suponer que, siendo uno de sus propósitos brindarle un espaldarazo a esta clara penetración de capitales estadounidenses, indique una negociación EEUU con China y Guyana que deriva en el pronunciamiento de la Comunidad del Caribe (Caricom), en favor de Guyana en el impasse presentado. De ser así, sería una clara demostración acerca de que el imperialismo se mueve con base en una perversa dialéctica en la cual los afectados son los pueblos del mundo y los países débiles y semicoloniales.

Todas estas consideraciones sirven para poner en evidencia que se trata de la realización de la competencia interimperialista en torno de un área de influencia en disputa. Un imperialismo avejentado como el estadounidense que ve perder una zona importante, que forma parte de su “patio trasero”, que ha sido consecuente con la consigna Monroe de “América para los americanos”, y que ahora busca el cobijo de otro imperialismo.



La respuesta revolucionaria y la respuesta revisionista
El decreto de Obama, como era de esperarse, ha concitado la reacción de rigor en el mundo entero. Más dentro de la política venezolana. En América Latina, como era de esperarse, gobiernos y variados factores políticos han brindado el apoyo incondicional al gobierno y pueblo venezolanos. En el escenario venezolano, la respuesta de sectores opositores —por su naturaleza de clase o por la poca profundidad en el análisis de la circunstancia, siempre superficial— en unos casos hace el juego al gobierno y en otros afirma torpemente cuestiones que los colocan al lado del imperialismo estadounidense.

Por su parte, el gobierno de Maduro busca sacarle el mayor provecho político recreando un discurso “antiimperialista”, desde la perspectiva del revisionismo claro está, que le permite nuclear fuerzas, en especial entre lo que podemos denominar el núcleo más comprometido con el gobierno, independientemente del descontento producto de la tragedia venezolana.

Además, su repercusión es mayor ya que esta circunstancia se produce en medio de la crisis más profunda que haya vivido la sociedad venezolana desde que comenzara la explotación de la riqueza petrolera hace más de un siglo. Se trata de una crisis general, de esas que pueden hacer época. Que puede desembocar en un verdadero cambio revolucionario. De superación de las relaciones de producción y de cambio imperantes y de una nueva inserción de Venezuela en el sector externo basado en la autonomía e independencia nacional y no dependiente o alineado, a favor de un imperialismo u otro. La tesis leninista indica claramente que de lo que se trata es de aprovechar las contradicciones interimperialistas. No favorecer un imperialismo para enfrentar a otro.

La tesis del régimen, propagada inicialmente por el propio Chávez, del mundo multipolar como alternativa frente al mundo unipolar, así como la tesis de “El Imperio”, esto es, la tesis de un mundo dominado por varios imperios, en vez de estar dominado por uno solo, resulta cuando menos una inconsecuencia y un engaño para los pueblos y países semicoloniales y dependientes y para los propios de las naciones imperialistas. En vez de luchar por la independencia, la autonomía, la soberanía nacional y el desarrollo, condicionan la economía a los intereses del imperialismo bajo el cual se “cobija” un país determinado para enfrentar a otro. Vaya salida “nacional”. Es condenar a un país a la dialéctica imperialista de acuerdos y negociaciones, de pugna y rivalidad por la hegemonía. Parecen creer los chavistas en la idea de que hay imperialismos buenos y malos. China y Rusia serían imperialismos (“imperios” en la jerga revisionista) buenos.

Por ello, resulta una frivolidad con el marxismo-leninismo —por parte de aquellas organizaciones que como tales se asumen— brindar solidaridad automática al gobierno chavista sin ubicar las determinaciones de la circunstancia. Distinto es ofrecer en su oportunidad solidaridad con los pueblos víctimas de políticas que, además de conducir a la tremenda crisis que vive Venezuela, buscan vender un país al mejor postor, a un imperialismo rival, a un bloque imperialista que pugna por la hegemonía planetaria, que también frena nuestro desarrollo y comprometen el futuro y soberanía con tal de salvar el pellejo, o las riquezas mal habidas.

También resulta una tremenda superficialidad que estas organizaciones se sigan guiando por la propaganda chavista que condena a todo quien ose enfrentarlos de ser de “derechas”. Mientras que todo quien los apoya es de izquierda o progresista. Desde la perspectiva marxista-leninista, esto de izquierda y derechas siempre ha resultado una cuestión concreta. Más en estos tiempos en los cuales cabe muy bien lo señalado por José Saramago: “Antes nos gustaba decir que la derecha era estúpida, pero hoy día no conozco nada más estúpido que la izquierda”. No toda, decimos nosotros. Aquella que hurga en la esencia de los fenómenos es otra cosa. Que ubica en la evidencia empírica el criterio de verdad, que no se deja llevar por la frase sino que va a los resultados, esa es otra izquierda, la reivindica.

Pero también resulta prematuro aquello de manifestar disposición a defender la patria ante la eventual invasión yanqui. En cualquier caso los revolucionarios siempre estaremos prestos a brindar nuestros mayores esfuerzos y sacrificios para defender el país, su tierra y riquezas y, sobre todo, nuestro pueblo. Pero, antes que nada, de lo que se trata es de convertir este episodio en un elemento más para desenmascarar al régimen y su naturaleza. En medio de la crisis revolucionaria que vive la sociedad venezolana, debemos convertir este incidente en un factor más para adelantar tareas para superar positivamente este estado de cosas hacia el cambio revolucionario. Entregar a Venezuela a la rapiña interimperialista es tan criminal como seguir siendo dependientes y sojuzgados por un imperialismo u otro. La lógica del capitalismo es el despotismo del capitalista sobre el obrero para que produzca la plusvalía con su fuerza de trabajo, sea en la nación que sea y de donde sea el obrero. La lógica imperialista le suma el sojuzgamiento de los pueblos y de la explotación y saqueo de las naciones débiles, semicoloniales y dependientes por parte de cualquier imperialismo, sea cual sea.

Así como durante la primera gran guerra los bolcheviques asumieron la consigna de Lenin de “convertir la guerra imperialista en guerra civil revolucionaria”, hoy los revolucionarios venezolanos nos aprestamos a convertir este conflicto con Estados Unidos —que se convierte en un nuevo factor que profundiza la crisis general— en evento que permita educar a las masas y propiciar el programa de reconstrucción nacional, el programa para una nueva democracia participativa cuyo sustento sean las asambleas populares.

El revisionismo a escala planetaria —que ya ve a Rusia como una alternativa progresista y favorable al desarrollo de los pueblos— y algunos sectores que se asumen marxista-leninistas se apresuran a condenar el decreto de Obama que —viniendo del imperialismo yanqui debe ser condenado—, extendiendo sus proclamas en un apoyo incondicional al gobierno de Maduro. Parecen olvidar estos marxista-leninistas la célebre consigna de Lenin de “todos contra Kornilov sin apoyar a Kerenski”.

Estas respuestas contribuyen, una vez más, a convertir a buena parte del movimiento revolucionario, de la llamada izquierda, incluso a sectores que se asumen como marxista-leninistas, y los apoyos que propician en los pueblos en reserva estratégica de una farsa revisionista que mucho ha costado a los venezolanos, produciendo un flaco servicio a nuestro proceso de cambio revolucionario. Son sectores que se dejan “engañar” por la fraseología socialista y el altisonante discurso “antiimperialista” del chavismo. Pues, en vez de convertirse en reservas estratégicas del proceso de cambio en Venezuela, se convierten en fuerzas al servicio del revisionismo en su expresión chavista. Quienes se obnubilan con la fraseología chavista no merecen ser llamados marxista-leninistas. Dejarse caer en el encanto chavista y sus poderosos medios de comunicación es de una inconciencia tal que refleja que no se ha comprendido para nada el significado del combate al revisionismo en cualquiera de sus expresiones. Parecen olvidar quienes así vienen actuando frente al chavismo que la verdad encuentra en la realidad su corroboración. La crisis venezolana en todos los aspectos de la reproducción social debe ser la guía para valorar al régimen y la circunstancia actual. Pero las evidencias parecen no rendir el efecto propio de la racionalidad marxista. Desconocer las leyes del desarrollo capitalista y dejarse guiar por la fraseología revolucionaria refleja no tanto inmadurez teórica y política sino la asunción del subjetivismo, el pragmatismo y el camino revisionista.

Dejarse llevar por la fraseología revolucionaria parece una tendencia dominante en estos tiempos en que sigue el efecto de la regresión producida por el derrumbe del revisionismo en el poder a partir de 1989 ─heredera de la que se produce a partir de 1954, y a propósito del XX Congreso del Pcus─, lo que ha devenido en un debilitamiento de las fuerzas marxista-leninistas, del internacionalismo proletario y en general de las fuerzas revolucionarias a escala planetaria, sobre todo en el dominio teórico de los asuntos más importantes del desarrollo del capitalismo mundial.

Sin embargo, todo ello no ha obstado para que la situación venezolana marche hacia momentos trascendentes de su historia. Todo indica que se ha abierto un período revolucionario. Esa es una de las razones por las cuales quienes se asumen marxista-leninistas deben profundizar en la atención del proceso político venezolano. Deben partir de hechos concretos. De hacer abstracción de la fraseología y la propaganda gubernamental. Ubicar, principalmente, qué cosas indican las estadísticas en materia de distribución de la riqueza. Esa es la tendencia más importante para ubicar la naturaleza del régimen chavista.

Pero, repetimos, vivimos una situación revolucionaria, a ella debemos brindar todos nuestros esfuerzos. Se presentan las condiciones que hacen posible hacer realidad en nuestro país un cambio revolucionario, como indicara Lenin al respecto cuando señalaba: “En otras palabras, esta verdad se expresa del modo siguiente: la revolución es imposible sin una crisis nacional general (que afecte a explotados y explotadores)”. Además, se presentan aspectos que corroboran la tesis según la cual: “Sin estos cambios objetivos independientes no solo de la voluntad de tales o cuales grupos y partidos, sino también de la voluntad de estas o aquellas clases, la revolución es, por regla general, imposible”.

Por esto, de lo que se trata es de alcanzar mediante la revolución, la conjugación del inicio del cambio de las relaciones de producción y de cambio burguesas y la liberación nacional de cualquier imperialismo. En eso no puede haber medias tintas. Mientras, la táctica de los revolucionarios busca estimular el descontento de las masas para impulsar un poderoso movimiento de cambio aprovechando todas las formas de lucha en correspondencia con el momento concreto.

Desde su nacimiento en 1970, Bandera Roja ha enarbolado el programa de Democracia Popular, ubicado en el tránsito al socialismo de un país atrasado, dependiente y semicolonial, con la visión de conjugar de una manera dialéctica los objetivos nacionalistas, de soberanía e independencia, la profundización del desarrollo económico y el crecimiento de nuestras fuerzas productivas y la colocación de las bases para trascender con un salto cualitativo esta hecatombe social construida durante décadas por una inconsistente e intrascendente visión seguidista burguesa y remachada por este revisionismo de mala factura que se adorna con una fraseología hueca pero altisonante. Hoy el programa de reconstrucción nacional asume las banderas de una unidad nacional con contenido histórico, independientemente de la convicción y trascendencia que pueda animar a quienes lo apoyan, que en absoluto está en contravía con nuestro programa revolucionario. Es hora de elevarnos por encima de nuestras miserias y debilidades y convertir el cambio revolucionario como la verdadera salida a la destrucción progresiva y la entrega de nuestra patria.

Carlos Hermoso, secretario general (adjunto) de Bandera Roja
Caracas, abril de 2015


viernes, 6 de febrero de 2015

El increíble engaño del aumento de la gasolina

El increíble engaño del aumento de la gasolina
o cómo hacer que los venezolanos se sientan culpables por la crisis


El gobierno realiza grandes esfuerzos para crear un sentido común acorde con su política antipopular. Con el anunciado incremento del precio de la gasolina —al igual como lo hicieron durante el período bipartidista y fueron coreados por los economistas de postín—, sacan la propaganda que asegura que un vaso de agua es más caro que un litro de gasolina. Le agregan, en esta oportunidad, la idea del costo de producción y el resultante beneficio capitalista sin que les titile el ojo de su engañoso “socialismo” de discurso. Se olvidan los propagandistas de la perorata que en su oportunidad gritaron voz en cuello para justificar el no incremento del precio de un bien que, por sentido común —de un carácter menos común, claro está—, indica que algún beneficio directo debe recibir el venezolano de un recurso propiedad del Estado, del suelo nacional en este caso. Además, en medio de una crisis tan grave, tan calamitosa para la población venezolana, el incremento del precio de la gasolina sería como echársela a un fogón.

Para este año, se calcula una inflación de 200%. Una caída del producto interno bruto (PIB) de –7%. Esto es, sufriremos una estanflación de las más profundas y jamás conocidas en Venezuela. Así, el aumento de la gasolina conducirá a una caída brutal de la capacidad de demanda social y con ello un mayor derrumbe del PIB.

No piensan los propagandistas que el precio vigente de la gasolina es un subsidio directo para mantener un relativo nivel de demanda, golpeado por la inflación y la especulación que ha creado el propio gobierno. Trabajadores de la ciudad y el campo, desempleados, estudiantes, la gente que vive de su trabajo, son venezolanos que reciben un subsidio sin cuya existencia las cosas serían más duras aún. Su eliminación o disminución harían inevitablemente más caro todo. El trasporte en general, de pasajeros y de carga, elevarían los precios de servicios y productos.

Así como se subsidia a países —verbigracia Petro-Caribe—, debemos exigir se mantenga el subsidio a los venezolanos. La religión liberal que tanto cuestiona el subsidio olvida que Estados Unidos destina miles de millones de dólares en subsidio para los productos agrícolas salidos de su territorio. Todos los países, como algo obligante, subsidian uno u otro rubro para mantener niveles de competitividad y protección de sus mercados respecto de otros.

Además hay otro engaño: subir el precio de la gasolina no permitirá disminuir la brecha fiscal de manera significativa. Este desequilibrio —resultado de la política chavista que destruyó buena parte del aparato productivo— debe atenderse con base en la elevación de la producción, pero ello supone adelantar una nueva política económica. Elevar la producción implica una nueva orientación de la política con el sector externo. Mientras las importaciones gocen de las ventajas que le brinda el gobierno, la producción nacional seguirá siendo menos competitiva. El incentivo a la producción nacional debe basarse en créditos baratos, asistencia técnica, mercados amplios con base en canales de comercio eficaces y control de calidad y producción. Pero en eso no está interesado este gobierno.

Por otra parte, para frenar el contrabando por la vía del precio, tendrían que elevar a más de 50 bolívares el litro del combustible. Esta decisión conduciría a un empobrecimiento atroz de la familia venezolana. Aparte del precio de la gasolina venezolana respecto del que rige en Colombia, el contrabando es alimentado por las mafias orquestadas en connivencia con miembros del ejército y la guardia nacional. No es este un asunto solo de precios.

Estos argumentos para nada son tomados en cuenta por el gobierno. Han retrasado la medida por el costo político que representa su asunción. Más en un año electoral. Se trata de una exigencia de los prestamistas chinos, rusos y demás naciones acreedoras. También buscan con esta medida implantar un precedente que cree una cultura dócil frente a medidas que a fin de cuentas se inscriben en la orientación general de mantener la capacidad de crédito y de solvencia frente a los compromisos contraídos con otros países. Por eso pretenden hacer sentir a los venezolanos culpables por obtener la gasolina “tan barata”. Sobre todo, siembran de manera machacona el “sentido común” de que la elevación del precio es impostergable.

Debemos preguntarnos ¿por qué en vez de aumentar la gasolina no anulan los acuerdos de doble tributo con 36 países de desarrollo industrial importante —entre los que destacan Estados Unidos, China, Rusia y Brasil—, debido a los cuales el Estado venezolano deja de percibir más de 20 mil millones de dólares anuales?
La gasolina es un derivado del petróleo, propiedad del Estado. Los venezolanos formamos parte del Estado y debemos recibir ventajas de esa condición. Quienes quebraron al país ahora quieren descargar su peso en la gente. Que la crisis la paguen quienes la causaron. No es mediante la elevación del precio de la gasolina como se podrá superar esta catástrofe: solo un cambio de gobierno hará posible una salida de la crisis de manera positiva para Venezuela y su gente.

Carlos Hermoso

Caracas 5 de febrero de 2015