viernes, 27 de mayo de 2016

La razón económica del Bachaqueo

Bachacos, bachaqueros, bachaquear… no se ha perfilado de manera muy clara el uso del sustantivo ni de las conjugaciones del verbo que se conforman en la acción. Como toda locución, las palabras tienen la vida que le dan los pueblos. Por eso, el término en cuestión anda en proceso de consolidación en la lengua del venezolano. Tiene su origen etimológico en la ruta comercial que realizaban los aborígenes en tierras zulianas y que hoy hacen su actividad económica principal. Lo que sí está claro, más que sus conjugaciones modernas, es el verbo en palabra y acción.

Esta “cadena de comercialización” ─que se inscribe en la naturaleza de las relaciones sociales de producción y de cambio imperantes─, cuenta con el ingrediente de la generalizada degradación chavista. El bachaco o bachaquero, goza del favor y vigilancia de la autoridad a diversa escala. Va desde aquella familia que se organiza para bachaquear, hasta las cadenas que se conforman con base en los “colectivos” armados que dominan diversos espacios. Se da el caso en que funciona de la siguiente manera: grupos armados que decomisan parte de la mercancía que llega a los Pdmercal o a los Bicentenario. Solo dejan disponible una parte para la venta y ellos revenden por bultos a unos precios exorbitantes. Sin embargo, estas bandas están en contra de los otros bachaqueros que compran en las cadenas de farmacia, por ejemplo, para revender al detal, por lo que los grupos armados han anunciado “represalias”, bajo la pretensión de tener centralizado el proceso de distribución de los alimentos.

Son muchos los que se ven impelidos a actuar como bachaqueros dada la calamidad que vive la familia venezolana. La pobreza, que ya alcanza a amplios sectores de la pequeña burguesía, del magisterio, profesorado universitario, profesionales, pequeños y medianos propietarios y comerciantes, campesinos, entre otros, fuerza a muchos a buscar actividades para sobrevivir. Estrategias de sobrevivencia que encuentran en el bachaqueo una alternativa individual que supone pérdida de pudor a la hora de estafar a otros ciudadanos. El descargo de quienes así actúan es la difícil situación, pero no sería edificante no dejar sentado que una salida individual e individualista nada aporta colectivamente a la solución del problema, al cambio que demanda Venezuela.

Tal es la escala alcanzada por esta “institución”, que Rodolfo Sanz ─alcalde de Guarenas e integrante de la Comisión presidencial para la economía productiva─ propuso en su escrito del 11 de enero de 2016 que se debía “construir la más amplia red de distribución de alimentos mediante la organización y el control del llamado ‘bachaqueo’ de productos”. Vaya salida a un problema creado y profundizado por una tradición en política económica que si bien guarda data desde 1989 al inicio del segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez, fue llevado por el régimen de Chávez a su máxima expresión. Se expresa en la esfera de la circulación, pero su raíz se halla en la producción; en la poca producción a la que han llevado a la economía para satisfacer las importaciones desde las potencias imperialistas ya viejas y las emergentes, principalmente de China.

Origen de la degradación

La cosa resulta elemental. Se utilizan los recursos petroleros ─sobre todo en tiempos de ganancias extraordinarias producto del incremento en los precios del crudo─ para importar buena parte de lo que requieren los venezolanos en alimentos, electrodomésticos, entre otros; así como buena parte de los medios de producción que requiere la menguada planta industrial y agrícola. Los bienes importados terminan siendo más competitivos ya que entran al mercado interno sin mayores restricciones. Muchas veces a cero aranceles ya que forman parte de “ayudas”, como las brindadas por los chinos y a dólares preferenciales, o resultado de convenios, parte de cuyos fondos deben ser usados para la importación de este tipo de mercancías o de medios de producción. Igual sucede con buena parte de los bienes importados de países integrantes de Mercosur, Brasil, principalmente. Productos más baratos y de mayor calidad, hacen lo suyo, y la producción nativa pierde cada vez más competitividad. En definitiva, se sustituye el producto venezolano con producción foránea y se va erosionando el aparato productivo. Luego, al acabarse los dólares, caemos en crisis, cuya profundidad es directamente proporcional al grado de dependencia del producto importado y a la caída del volumen de dólares en reserva.

Se trata de un proceso que es continuidad, en lo esencial, de la “tradición” venezolana de cumplir un papel en la división internacional del trabajo como proveedor de materias primas e importador de bienes finales. Siglos que parecen una impronta que sirve de acicate para que Chávez se colocara como la figura más emblemática de esa política. Partiendo de las ganancias extraordinarias por concepto de la venta del crudo, se elevaron las importaciones a una escala sin precedentes. Se sustituyó la producción de rubros que habían alcanzado niveles tan elevados de producción, que incluso sirvieron otrora para captar dólares en el mercado internacional por el producto importado. Se esrosionó -y se continúa erosionando- el aparato productivo hasta llegar a esta situación desesperada de una sociedad que se reproduce, en muy buena medida, con el producto importado. Casi nada “hecho en Venezuela” queda en pié en los anaqueles.

Para el 26 de abril de 2016 las reservas internacionales se colocaron en 12.607 millones de dólares, por debajo del nivel alcanzado en el mes de abril de 2003 posterior al paro petrolero, con el agravante de que alrededor del 75% están conformadas por oro, es decir, no en divisas. Además, en abril de 2016 el Banco Central de Venezuela liquidó divisas equivalentes a $ 251 millones para importaciones y pagó $ 437 millones en intereses de la deuda soberana. Como vemos, más para el pago de deuda que para importaciones, tendencia que se irá incrementando como resultado del creciente endeudamiento foráneo que mantiene el gobierno.

Algunos agentes gubernamentales han buscado similitudes con el proceso que se dio antes del golpe de Estado contra Salvador Allende. Para ello, han citado un párrafo emblemático de la novela La casa de los espíritus, de Isabel Allende. Ciertamente, dentro de la estrategia de los gorilas y el imperialismo estadounidense, se impulsaron en Chile maniobras económicas que crearon las condiciones propicias para el golpe criminal de Pinochet. Crear escasez de manera inducida, olas de rumores, compras nerviosas, entre otras cuestiones, fue parte del plan. Aunque eso no era el resultado de una política económica de destrucción del aparato productivo. Son casos diferentes. El proceso chileno fue muy breve, apenas tres años, como para hacer un balance acerca de sus alcances y perspectivas. A pesar de que se trató de un intento idealista de revolución, fue sincero y guiado por gente de mucho mayor cultura y compromiso que el caso que nos ocupa. Sumemos que la corrupción para nada es equiparable. Lo que no significa que el imperialismo yanqui no esté azuzando en una u otra dirección en la política venezolana. Solo que hasta ahora, parece ambigua. A momentos ha favorecido al régimen. En una que otra oportunidad ha hecho concesiones, sobre todo en relación con los espacios cedidos a China. Ha perdido mercados importantes como el del parque militar, tanto terrestre como aéreo. Los rusos colocaron en la Fuerza Armada Nacional un nuevo armamento, evidenciado más competitivo en algunos casos. Por su parte, los chinos se han convertido en el principal acreedor de Venezuela y, en general, de América Latina.

Alcances de la degradación

Junto al bachaquero, además, imperan las bandas regionales. Es así como la banda liderada por el recién abatido “El Picure” ─emblemática figura que dominaba en el estado Guárico─, no ha podido ser “derrotada” plenamente en una confrontación que a momentos no luce clara. Al menos, resulta poco creíble que una banda criminal impere de esa manera sin apoyo oficial. En cualquier caso, no se explica el grado de influencia y control alcanzando por un numeroso grupo de delincuentes articulados de manera tan eficaz. Las vacunas ya forman parte de los costos de producción de quienes cuentan con hatos y haciendas productoras de ganado, cebolla, entre otros rubros. Este sui generis incremento en el costo de producción se traduce en parte del encarecimiento de los bienes agrícolas y pecuarios que buscan realizarse en las ciudades. Pero nadie para a la banda de “El Picure”, ni a las distintas bandas que azotan a todo el país. Venezuela en manos de la delincuencia y sus capitostes, de los ya legendarios pranes y de los jefes de bandas.

En medio de la crisis general venezolana, se pone en evidencia de manera extrema una de las leyes de la distribución de las relaciones burguesas. A saber, cuando la fuerza de la demanda es mayor que la de la oferta, el precio tiende a alcanzar escalas muy superiores al valor de las mercancías. A diferencia de lo que propagan sectores del chavismo, en el capitalismo todo es mercancía. Como señalara Marx, el capitalismo es un inmenso arsenal de mercancías. A las mercancías convencionales cuyo valor de uso y cambio lo podemos determinar claramente, se les suman nuevas y sofisticadas, convertidas en tales, producto de la necesidad y la falta de autoridad y reglamentación de la vida ciudadana. Es así cómo hasta las calles y aceras en distintos puntos de la ciudad, entre otros bienes y servicios, se han convertido en mercancías bajo el amparo de las autoridades. Vamos al mercado de El Cementerio a comprar alguna cosa y debemos pagar 100 bolívares por estacionarnos en la acera. Igual sucede en los alrededores de Quinta Crespo y otros sitios de la ciudad de Caracas. Es normal que un recluso deba pagar mensualmente al Pran de la cárcel donde purga condena, por la “causa”. Esto es, su seguro de vida. Asunto de pleno conocimiento público, más aún de las autoridades. Grupos armados del gobierno comercian con los puestos en las largas colas que hace la gente para comprar algunos productos. Esto es, el puesto de la cola se ha convertido en una mercancía vendida por estos sujetos a precios poco creíbles. De tal manera que en vez de bachaquear el producto, le cargan a la ciudadanía un gasto que merma el poder adquisitivo de su salario, ante la mirada cómplice de guardias nacionales, policía nacional o cualquier autoridad, o porque forman parte de la connivencia. Qué decir de los bienes subsidiados con dólar preferencial para su importación que terminan siendo vendidos a precios exorbitantes, como es el caso de la leche en polvo importada, que se coloca en manos del bachaquero en 70 bolívares y éste la vende hasta en 2.500. Los bachaqueros ya cuentan con espacios importantes, especie de centros comerciales y farmacias en distintas ciudades del país. En una economía altamente especulativa, sin controles ni autoridad, donde reina el hamponato, la cosa se pone más creativa y diversa. La especulación y la descomposición extrema son los complementos.

No es una supuesta naturaleza humana egoísta, como señalara Adam Smith, lo que determina ese tipo de fenómenos poco virtuosos de la especulación inmisericorde. El bachaquero no está interesado ciertamente en satisfacer necesidad alguna de nadie, sea esta un asunto de vida o muerte o satisfacción de una necesidad primaria, de un bebé o de un enfermo. El bachaquero solo está interesado en obtener un beneficio extraordinario vendiendo un producto escaso que satisface una necesidad. Claro, la necesidad es primaria, alimenticia, de salud, es desesperante la realización de la mercancía para el demandante. Circunstancia que aprovecha el bachaco para obtener el mayor beneficio. El necesitado, consciente de que se trata de una estafa, accede a cancelar la exorbitante suma para así satisfacer la necesidad del niño hambriento o del enfermo en casa, o la propia. Relación de intercambio objetiva, independiente de la voluntad. Será así, mientras se presenten productores privados independientes que buscan el mayor beneficio en la producción y en el intercambio.

Smith señaló en su oportunidad, palabras más palabras menos, que “la búsqueda de la riqueza por parte de los particulares es útil, pues esta superchería es lo que despierta y mantiene en continuo movimiento la laboriosidad de los humanos. La ambición nos hace trabajar en beneficio de todos”, escribe José Biedma López en Adam Smith: moralista de la simpatía en noviembre de 2013. En realidad es a la inversa. No es esa superchería la que conduce a la laboriosidad. Es el motor, el deseo irrefrenable para la obtención de ganancia lo que conduce a la llamada superchería. Es el hecho objetivo lo que determina esa propensión y, por tanto, esas ansias de ganancia. La función de la producción y su realización en el mercado no es para satisfacer necesidades, sino para producir plusvalía y ganancias. En condiciones como la venezolana la cuestión se ha elevado a un grado superlativo en la esfera de la circulación bajo el acicate de una doble moral que nos presenta a unos supuestos socialistas como los jefes de bandas de bachaqueros que extorsionan a la gente y alcanzan escalas de beneficios superlativos a costa de las necesidades ciudadanas.

El clima especulativo, sin embargo, es plena responsabilidad del Gobierno. En una economía relativamente desarrollada, el precio se aproxima al valor de cambio de los bienes, determinado por el tiempo de trabajo necesario para su producción. Por el trabajo objetivado en la mercancía. Pero cuando hay presión de demanda superior a la de la oferta, el precio tiende a colocarse por encima de su valor, creándose mayores condiciones para especular. A la inversa, como acontece en el mercado de trabajo, cuando la oferta es mayor que la demanda, el precio tiende a colocarse por debajo de su valor.

En la economía venezolana hay presión de demanda producto de la inflación, de la escasez y a que existen varios tipos de cambio. Luego, se configura un mercado tremendamente especulativo, escenario para que se reproduzca esta infernal cadena de distribución resultado de la política económica chavista desde 1998. Ellos son los responsables, una de las tantas razones por las que deben irse. Su alternativa no puede pretender hacer lo mismo. Debe, por el contrario, transitar por el camino del desarrollo y la diversificación del aparato productivo, hasta producir una revolución industrial. Esto es, escoger el camino de la verdadera soberanía nacional.

La crisis nos ha conducido a una coyuntura en la cual debemos tomar partido por la solidaridad y la lucha, o sumarnos a la degradación. Extremos de rigor en medio de la legitimación de una relación de intercambio abyecta. Vivimos en la disyuntiva de ser humanos, verdaderamente humanos, estimulando la solidaridad, o actuar con base en las leyes del capital en la esfera del comercio, sacando partido de la extrema necesidad de la ciudadanía. Otra cosa no lo explica. Quienes asumen el bachaqueo en medio de estas circunstancias, optan por la degradación, tanto, que nos hacen recordar una estrofa del poema de Miguel Hernández, El Hambre: “…Nosotros no podemos ser ellos, los de enfrente,/los que entienden la vida por un botín sangriento:/como los tiburones, voracidad y diente,/panteras deseosas de un mundo siempre hambriento”.

El desprecio a los bachaqueros se ha convertido en rabia. El Gobierno lo sabe. De allí que ahora buscan identificarlo con el invento de la guerra económica y con la oposición golpista. Su obra la endilgan a otros. Fariseísmo propio de este régimen político desde sus inicios. Pero ya están desenmascarados incluso frente al mismo pueblo chavista. Bachaqueros, colectivos, policías, guardias nacionales, funcionarios diversos, forman esta cadena de comercio que es parte de la pesadilla venezolana, de la cual más temprano que tarde habremos de despertar.

Publicado en Efecto Cocuyo

La dificultad de ser chavista

No resulta sencillo para los chavistas defender el tan cacareado “proceso”. La crisis ya hace muy difícil defender lo insostenible. Salvo ideas y teorías peregrinas, no hay argumento posible para explicar cuestiones que a todas luces son el resultado de una política económica propia de un régimen despótico vestido con ropaje socialista. Con la ayuda de los “progresistas” de buena parte del planeta y de la figura emblemática de Fidel, se erige en Venezuela la mayor estafa de nuestra historia. Creemos que es difícil encontrar una experiencia que lo supere. Al menos en Suramérica. El engaño alcanzó su escala más elevada y eficaz, por la combinación del incremento de los precios del crudo a escala internacional y la retórica encendida contra el imperialismo y la oligarquía. Las ganancias extraordinarias por concepto del nivel alcanzado por el barril de petróleo brindaron la base material del engaño.

Pero ¡vaya revés!: se desploma el precio y como un cuento el rey queda desnudo. Ya no Maduro, —muy lejos de una figura real -aunque reyes ha habido hasta desquiciados y locos-— sino el régimen todo, queda desnudo. Falta algo de historia para dar cuenta en la conciencia de buena parte de los venezolanos acerca del líder del llamado proceso y de su “legado”. Entretanto, Maduro luce el descartable dado su poco carisma e incapacidad para engañar incautos.

Pero, ante el descalabro, la creatividad chavista se hace prolífica, aunque menos eficaz. No sólo falta el líder: faltan los dineros de antes. Aun así, ante la debilidad de una firme oposición, combinan la represión con más discurso engañoso para levantar esperanzas. Y, por otra parte, desconocen la Asamblea Nacional y sus decisiones, aparte de frenar las iniciativas para salir de Maduro de manera pacífica y Constitucional.

Para evadir la responsabilidad que de manera exclusiva le corresponde al Gobierno, una de las teorías más propagadas es la de la guerra económica. Pero la contundencia de los acontecimientos hace que apenas encuentre algo de eco en los oídos más irracionales. Pero tales argumentos distractores no soportan el más elemental análisis. De tal manera que querer explicar la situación desde una perspectiva engañosa ya resulta un riesgo. La rabia es muy grande. Es más, resulta un ejercicio propagandístico de muy poca eficacia. Pone en evidencia, al ser contrastada la tesis con la realidad, que se trata de una impostura interesada. Señala el edificador de la ciencia económica, Karl Marx, que el pensamiento burgués después de David Ricardo solo produce apología. Pero estamos en presencia de lo absurdo, de lo irracional: la guerra económica, el incremento de precios como resultado de la inflación “inducida”, la especulación y el acaparamiento. Todo lo cual hace ver que no existe responsabilidad gubernamental. La inseguridad como resultado de un “plan de la CIA” para crear inestabilidad mediante el estímulo del malandraje, con una cierta ayuda del paramilitarismo colombiano.

Todo lo que sucede en el país es resultado de planes del imperio con el cual mantienen una pelea de sombras, mientras seguimos importando en buena medida bienes de la economía tanque, sobre todo, medios de producción. Deben apelar a la irracionalidad. Se ha sembrado este espíritu hasta llegar al extremo de que algunos, afortunadamente cada vez menos, no quieren ver la realidad por muy contundente que sea, como mucha gente en la Alemania nazi, que volteó la cara, o que defendió a Hitler hasta el final y, al caer el nazifascismo, declaró no haber sabido nada acerca del genocidio del pueblo soviético y de muchos pueblos, así como el objetivo del exterminio judío.

Desde la perspectiva psicoanalítica obedece a una manera de proteger el ego. No se reconoce la catástrofe y la responsabilidad del líder y del llamado “proceso” para no afectarse a sí mismos. Para algunos, los que se benefician de la política gubernamental, defender al gobierno con estos y otros argumentos es un asunto de necesidad. En este segmento se encuentran, entre otros, beneficiarios económicos, oportunistas, gente que se lucran con el ejercicio del poder. Bastante distintos de quienes defienden el chavismo desde la penuria real.

De otra parte, por la vía de la rigurosidad científica, analizar la circunstancia venezolana dejaría en evidencia que el desastre es el resultado de una política lejana en el tiempo, entronizada desde 1989 —-27 de febrero mediante—, que debe ser superada con una perspectiva de desarrollo nacional y soberano.

La gran ventaja del régimen se resume en las debilidades de la oposición. Por más que se hayan agotado las posibilidades del chavismo para levantar esperanzas, al menos en el corto plazo, no termina de caer. Lo sostienen varios factores subjetivos y propios de la política. Uno de los cuales, sin dudas, lo representa el freno a la protesta popular que propician el gobierno y factores de la oposición. El chavismo hace aguas, se desploma, pero no cae. Saca fuerzas de la debilidad de la alternativa. A momentos, parece llegar al final, pero saca fuerzas y lanza golpes a diestra y siniestra cuyas respuestas no son contundentes. La cosa llega a tal extremo que hay factores sociales que postergan sus demandas ante el miedo, el escepticismo, la pérdida de confianza en quienes lucen opción de cambio pero que no dan señales de fortaleza para la confrontación o que se perciben colaboracionistas que buscan sostener a Maduro y al régimen hasta 2019.

Pero la crisis hace estragos en el bolsillo de la gente. La angustia del venezolano es cada vez mayor. Angustia cotidiana porque no se consigue comida y lo poco que algún ciudadano logra es caro, muy caro. Los bachaqueros o bachacos, impunemente y coaligados con buena parte de la estructura del poder chavista, —colectivos, cadenas mercal, mercalitos, o las que de manera diversa se crea en los supermercados donde llega el producto, siempre ligados a alguna expresión del poder, colocan el precio del bien en una escala muy superior. La leche, colocada a 70 bolívares, termina llegando en el mejor de los casos a 1.200, aunque su precio se generaliza en 2.000 bajo la mirada complaciente de la autoridad. Harina de maíz precocida, arroz, aceite y pare usted de contar, sufren ese incremento de precios sin repuesta alguna de nadie. Elemental sería convocar a la protesta contra la especulación chavista, prisión para los corruptos bachaqueros, pero no. El chavismo, en cambio, reprime sectores de la oposición y frena la protesta, conduciendo a la pasividad. Se siembra el espíritu de derrota. Pero ya comienza a despertar el movimiento espontáneo. Eso resulta inevitable. La rabia de la gente, el descontento, la necesidad imperiosa por adquirir alimentos, se harán cada vez más presentes en la protesta y la movilización.

Por eso, ser chavista es difícil, que no sea por la vía del interés particular, el oportunismo articulado a lo anterior y el irracionalismo. Pero vivimos tiempos en los cuales también comienza a ser muy difícil ser opositor desde la perspectiva de algunos de los factores que la integran. ¡Cuidado con eso!

Publicado en Efecto Cocuyo

viernes, 22 de abril de 2016

La catástrofe venezolana: epílogo de una breve ilusión

Muy a nuestro pesar, tenemos que coincidir en buena medida con las proyecciones que el Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé para Venezuela y Latinoamérica en 2016 y 2017. En el caso venezolano, otra cosa no se puede esperar de una economía devastada a partir de una política económica que progresiva e indeteniblemente erosionó el aparato productivo.

Tres décadas de esta orientación —27 de febrero mediante— llevan a este corolario. No fue Chávez quien inventó esta política. La inaugura Carlos Andrés Pérez II, pero ya venía haciendo estragos en toda Latinoamérica desde los 70, con Pinochet como baluarte. Reagan y la Thatcher, paladines a escala planetaria, pasan a la historia como símbolos de lo más decadente e inhumano del capitalismo. Venezuela llega tarde al predominio mundial de esta dogmática. El chavismo, por supuesto, la eleva a su máxima expresión impidiendo que Venezuela aprovechara esa tremenda oportunidad de desarrollarse con las extraordinarias ganancias obtenidas de la realización del crudo en un mercado que ya daba muestras claras de que dicho boom había sido muy largo.

Durante este período de repunte de precios los administradores de la riqueza prefirieron apuntalar una política que creara una ficción de bienestar en algunos sectores de la población. Se lanzó una campaña mundial de logros que a la postre fueron efímeros: salud con base en la Misión Barrio Adentro, con un impacto político de significación; los médicos cubanos suben los cerros que los galenos venezolanos supuestamente rehuían; se crean otras misiones que distribuyen una parte de la riqueza para que un importante sector de los pobres adquiriera bienes que satisficieran necesidades de primer orden; se incrementan los gastos corrientes y presupuestos paralelos para drenar una importante porción de la riqueza nacional que amplía la demanda, mientras se erosiona el aparato productivo, importando bienes de más calidad y menos precios, y se hacen más competitivos al producto importado que el nacional.

Sumemos que la corrupción, al alcanzar escalas sin precedentes, distrae buena parte de las riquezas hacia procesos de acumulación que en nada estimulan el desarrollo nacional. Denuncias formuladas por funcionarios del más alto nivel en el gobierno nacional, arrojan datos que resultan escandalosos del trasvase de miles de millones de dólares a las cuentas particulares de gente del gobierno y sus adláteres. Además, la corrupción se ha convertido en una cultura que supera con creces la alcanzada durante el régimen bipartidista, encontrando en la figura del bachaqueo su emblema por antonomasia.

Pero, las leyes de funcionamiento del capitalismo, son inexorables. Asimismo, las tendencias que apuntala el capital internacional son dogales solo superables si se asume una política soberana y de interés nacional. Las ventajas comparativas que se obtienen en la producción de un rubro o un conjunto de rubros refuerzan la tendencia natural a especializar a un país en la producción de tales bienes. En nuestro caso, la producción de crudo —a cambio de lo cual obtuvo el Estado venezolano importantes superganancias, al menos durante un período— permitió, mientras se afianza la especialización, la compra en el exterior de bienes finales. Este mercado se erige en torno de las economías más desarrolladas, alrededor de aquella de la cual más se dependa de la venta del recurso con el cual se produce la especialización. En segundo orden, la división internacional del trabajo no es una tendencia natural inevitable. Por el contrario, se trata de una tendencia natural basada en una política que permite que las economías más desarrolladas se hagan de crecientes mercados garantizados por la competitividad creciente de sus mercancías, enfrentadas a las de los países menos desarrollados, cada vez menos competitivos, centrados en la producción de materias primas. Las grandes economías, mientras, compiten entre ellas por mercados y fuentes de materias primas o vienen con muy poco valor agregado. Sin embargo, la protección del aparato productivo de un país mediante barreras diversas permite su desarrollo diversificado, siempre y cuando exista una estrategia para tales efectos y políticas económicas de carácter nacional en correspondencia. En otras palabras: la tendencia natural afianzada por las políticas de los países poderosos se puede anular mediante políticas soberanas de desarrollo nacional.

La tendencia natural a la división internacional del trabajo es el resultado del intercambio comercial internacional, que se realiza en torno de la ley del valor. Esto es, se enfrentan cara a cara mercancías de distintos valores compitiendo por venderse con base en la calidad y el precio. Los que alcanzan mayor capacidad competitiva logran hacerse del mercado interior de un país determinado cuando éste se les abre sin cortapisa alguna. Sin barreras, como es el caso venezolano frente a China, por ejemplo. Claro, si hay control del mercado mediante mecanismos monopolísticos, la cosa se hace más fácil para el productor extranjero.

La realización de una política económica que afianza la tendencia natural del desarrollo capitalista —apuntalada por las políticas que imponen y realizan los imperialismos— condujo a Venezuela a la situación dramática que vive en materia económica. Los indicadores muestran la gravedad de la crisis que padecemos. No se trata de una crisis cíclica de sobreproducción. Se trata de una catástrofe de caída de la producción y rezago en el desarrollo en relación con el resto del mundo. Al menos de toda América. Se suma a nuestro sino, la crisis mundial y sus efectos en economías importantes con las cuales Venezuela ató su perspectiva. La recesión en Brasil y la ralentización en China afectan nuestra economía de manera sensible.

Para los venezolanos, cuya inmensa mayoría ha reducido el número de comidas diarias y semanales, oír que para el presente año y el próximo las cosas irán mucho peor aún que en 2015, resulta una angustia que era desconocida en los últimos cien años. A una caída del PIB ubicada por el FMI para 2016 de 8% se pronostica una inflación de 1.600% para 2017. De ser aproximadamente cierto este vaticinio, unido a una escasez que será superior a la presente, podemos afirmar que estamos en presencia de una tragedia de consecuencias incalculables. La escasez será mayor si partimos de la consideración de que, a la baja de la producción interna, se une una caída imparable en la tenencia de dólares. Más aún, los compromisos con los acreedores internacionales condicionan su uso en buena medida a su honra.

La dramática situación venezolana es atendida por el Gobierno con base en la misma política aplicada hasta ahora cuya matriz la encontramos en la impulsada en 1989 por Carlos Andrés Pérez. La ventaja que supone la producción de materias primas baratas, productos de la minería en este caso, permitiría mantener, de acuerdo con esta tesis, la compra de bienes finales en el exterior y mantener el proceso que permite la creciente sustitución de la producción interna que se hace cada vez menos competitiva. El gobierno de Maduro apela de manera desesperada a la negociación de buena parte de las riquezas, oro, diamantes, coltán, bauxita, entre otras, para obtener dólares que permitan atemperar la crisis, siguiendo la misma senda de años ha. En definitiva, insiste el Gobierno en la profundización de las causas que condujeron a este desastre nacional. A la postre, junto a la creciente deuda pública, externa e interna, el drama se repetirá como una condena ad eternum.

Nada hace el Gobierno para canalizar el ahorro social hacia la inversión productiva de bienes que sustituyan la producción en el sector industrial, agroindustrial y agrícola, parejo a la protección del aparato productivo frente a la importación de bienes más competitivos que bien pueden producirse en el país. Apenas apunta a elevar la producción de leguminosas y uno que otro rubro del sector agrícola mediante el estímulo de la pequeña producción rural y urbana, romanticismo que resulta ridículo de cara a la elevación de la producción en otros países mediante el desarrollo de la agroindustria. La artesanía es otro de los sectores que estimula el Gobierno. Quienes orientan la economía venezolana parecen ignorar que todo lo artesanal es menos competitivo que el producto industrial.

Hablar en Venezuela de Revolución Industrial es un asunto que luce para algunos una quimera. Para otros un contrasentido de cara a que debemos especializarnos en la producción de cosas en las cuales obtenemos ventajas comparativas. Ideas dogmáticas que han condenado a Venezuela a la producción de materias primas y bienes con escaso valor agregado.

La catástrofe pareciera prolongarse un tiempo más, lo que aumenta las posibilidades de una salida extrema de un signo u otro. Frente a esta crisis que luce terminal —sistémica, pues —, todo dependerá de lo que haga el Gobierno, de los acuerdos que alcance con los sectores colaboracionistas de la oposición. Su superación positiva supone un cambio radical que permita el aprovechamiento máximo de las riquezas materiales, naturales y humanas que conduzca a alcanzar la meta de la diversificación del aparato productivo en camino a la Revolución Industrial, para lo cual, un cambio político de nuevo tipo que se sustente en la participación ciudadana en la toma de decisiones, es el inicio.
Tomado de Efecto Cocuyo

Arco Minero: o la fase superior del capitalismo rentista

Llama la atención que la entrega en concesiones para la explotación de buena parte de las riquezas del subsuelo venezolano haya pasado un tanto inadvertida para tirios y troyanos. Dos cuestiones pudiesen justificar el relativo silencio. En primer lugar, la grave crisis nacional luce el asunto más serio a ser atendido, por tratarse de una circunstancia que angustia a la familia venezolana en su cotidianidad de manera cada vez irritante. Pero también compite en su patio el escenario político que, a momentos, luce esperanzador, al menos para salir de Maduro. En esto aguzan su talento —o su ambición— muy buena parte de los factores políticos, lo que deriva en una diatriba que no termina de llevar la sangre al río, a momentos remedando una pelea de sombras llena de frases encendidas. Así, la encrespada situación política coloca en un segundo plano la cuestión a la cual creemos que se debe dar cuenta. Salir de Maduro, como lo reclama la inmensa mayoría de los venezolanos, o defender su estancia en el poder, como lo reivindica el chavismo, resume un asunto de no poca monta. Situación que también coloca en segunda instancia las ideas políticas, económicas y sociales para atender la crisis ante una eventual salida del Presidente, lo que no despierta confianza en la gente que parece no muy dispuesta a dar un nuevo paso a lo que muchos consideran incertidumbre. Todo esto en medio de la participación directa en la política venezolana de las grandes potencias imperialistas debido a la magnitud de lo que está en juego.
Ahora, bien, en la atención que presta el Gobierno a la crisis se encuentra el centro del tema que nos ocupa. Su desarrollo, el de la crisis, no parece tener la respuesta adecuada tomando en consideración las riquezas y facultades con que cuenta el país y las metas que en lo inmediato se deberían alcanzar. De una parte, con los negocios mineros busca el régimen hacerse de recursos de emergencia, a partir de lo cual se profundiza el papel de Venezuela en la división internacional del trabajo, asunto que parece ser desconocido por unos y otros. Esto es, ni quienes se abocan al estudio de la sociedad, ni buena parte de los políticos parecen percatarse de una cuestión de tanta importancia para comprender la realidad económica de nuestro país desde tiempos ha y en las circunstancias actuales y en perspectiva. Esto, a pesar de su importancia en el terreno teórico y político desde los tiempos de Smith y Ricardo, sus descubridores y apologetas. Determinación y política en la que descansan el comercio y las relaciones económicas internacionales desde la revolución industrial inglesa hasta nuestros días.

Se preguntarán: ¿qué tiene que ver eso con la crisis venezolana? Parece obligante e ingenua la interrogante y elemental la respuesta. Largas décadas de especialización como productor petrolero y sus consecuencias nefastas, producto de la imposición de políticas antinacionales, derivaron en que se acuñara en su oportunidad —pero que hoy día adquiere más vigencia aún— la sentencia por parte de Juan Pablo Pérez Alfonso acerca del petróleo como el excremento del diablo. Lo que se ha dado en llamar el “modelo rentista” no es otra cosa que eso: la especialización en la producción petrolera mientras compramos lo demás y no invertimos para el desarrollo y la producción nacional, trayendo como resultado un menguado desarrollo, pérdida de soberanía y crisis como la que se sufre, que se ha convertido en su más genuina expresión.

Dándole continuidad a esta tradición, el gobierno busca, a cambio, hacerse de recursos indispensables y suficientes como para atemperar la crisis. A su vez, mientras se consiguen las “ayudas” y financiamiento, además de mantenerse planes de explotación petrolera, se inicia esta nueva fase de nuestra historia económica de convertir a Venezuela en un proveedor de primer orden en productos mineros diversos.

Este asunto, medular en la actual situación política, supone, a su vez, la participación más directa por parte de quienes pujan para hacerse de negocios en relación con tan jugosas y codiciadas riquezas. Veamos. El oro pasa a jugar un papel cada vez más importante en la economía mundial. Además de que ya comienza a elevarse su precio en el mercado mundial, marcando un nuevo giro en los últimos años hacia el alza, es el refugio por antonomasia de los capitales, sobre todo en momentos en los cuales ya resulta un lugar común hablar de un eventual desplome del dólar. China y Rusia son naciones que siguen buscando hacerse de este recurso. El coltan es una de las llamadas tierras raras que más contribuye en el desarrollo de la industria de los nuevos materiales y la electrónica que, en proporciones cada vez mayores, inundan el mercado mundial. China ve en este recurso un aspecto de naturaleza estratégica de tal significación, que bien puede acordarse con sectores adversos al régimen chavista. Sin embargo, los herederos del “legado” siguen siendo sus más fieles y seguros proveedores, guardando la esperanza de que los asiáticos sean consecuentes en su defensa ante eventuales circunstancias que propicien la intervención del imperialismo estadounidense. Recordemos que el proyecto chavista —resumido en el escrito presentado por Rodolfo Sanz— cuenta entre sus objetivos y metas la incorporación de Venezuela al bloque comercial de los Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), detrás del cual buscan chinos y rusos pugnar por la hegemonía mundial frente al imperialismo yanqui.

Aparte de los otros minerales en la mesa de negociaciones, China, principalmente, tiene puesta su mirada de mayor apetencia sobre las inmensas reservas de torio con que cuenta Venezuela. El proyecto para la producción de energía nuclear a partir de este elemento puede convertirse en la perspectiva estratégica de mayor significación mundial, partiendo de que el gigante asiático busca contar con una fuente energética tan sólida como la que brinda esta tecnología, que le daría una ventaja importante en su lucha por la hegemonía frente a las otras potencias imperialistas. Para muchos entendidos se trata de la energía del futuro por las diversas propiedades que brinda, entre ellas la prácticamente nula contaminación y la no producción de desechos tóxicos. De allí que para el gigante asiático hacerse de este recurso resulta un asunto de primer orden. India es el país que posee las mayores reservas de torio y, junto a China, va a la vanguardia para el desarrollo de esta tecnología y ya cuenta con un reactor con base en el torio.

En resumidas cuentas, todo indica que se inicia una nueva etapa en la historia económica venezolana, frente a lo cual las opiniones brillan por su ausencia. Circunstancia que resulta por demás llamativa, toda vez que se trata del hecho económico más importante en el último siglo y cuyas repercusiones —por la forma como se negocian y entregan las concesiones— dejarán serias secuelas ambientales y además pérdida de soberanía. Sin descuidar la lucha por la superación positiva del nefasto régimen chavista —por tratarse de la cuestión más importante en la determinación de las condiciones objetivas y estructurales de la formación venezolana—, debemos profundizar en este aspecto. No hacerlo, de manera crítica, resulta cuando menos una inconsecuencia. Qué decir acerca de quienes negocian el futuro del país con el firme propósito de mantenerse en el poder a costa de la mengua de nuestra autonomía y la pérdida de perspectivas de desarrollo soberano. Cuando menos, traición a la patria y al pueblo venezolano.


Publicado en Efecto Cocuyo

¿Salir de la crisis sin afectar a nadie es posible?

Para los economistas, chavistas u opositores, neutrales o nini, la crisis será superada, o atemperada, luego de atenderse el comportamiento de las variables macroeconómicas. El problema lo ubican en los controles, la indisciplina y desequilibrio fiscal, la inflación, en la no unificación del tipo de cambio, principalmente. Su superación, por tanto, la alcanzarían con la adopción de medidas que apunten a revertir cada uno de estos comportamientos erráticos, sin ubicar para nada el problema de la distribución de la riqueza nacional. Por lo que no se atiende lo medular de la crisis.

La crisis venezolana es, como dice uno que otro agente económico, un asunto multifactorial. Esto es, son muchas sus determinaciones y eso es cosa cierta, claro está. Solo que analizar el asunto obliga a establecer cuál es la determinación principal. Los economistas, al menos una inmensa mayoría de ellos, la ubica en los controles. A partir de allí se resuelve el problema bajo la guía de las fuerzas del mercado que distribuiría, de manera armoniosa, los factores de la producción y el cambio. ¡Vaya dogma!

Es por ello que alertan, permanentemente, que debemos tragarnos el sapo lo más pronto posible; que hemos esperado demasiado y que mientras más pospongamos las medidas, la cosa será más grave. Son medidas draconianas que para nada se pueden obviar según esta perspectiva. Claro, que afectará a la gente, afectará a los que viven del salario, no a los que importan, a los que juegan con la especulación, a los que forman parte de la banca, entre otros. O sea, afectará a quienes se inscriben en aquella expresión que hiciera culta el maestro Uslar Pietri, ¡los pendejos! Premisa que en nada entusiasma a la gente a apoyar a quienes esto proponen.

La esencia del origen de esta crisis, eso parece ya indubitable, la encontramos en una política -que sí la hay- que sustituyó la producción nativa por la importada. Se crearon condiciones óptimas para que el producto importado adquiriera una gran capacidad competitiva frente a la producción interna como esa de importar a dólar preferencial. Se quiebra buena parte de la planta y se gasta en bienes importados. En defensa del chavismo, esto no fue su invento, pero sí fueron ellos quienes lo llevaron a su máxima expresión.

Salir de la crisis con base en no afectar a los dueños de los medios de producción, bajo el argumento de que ellos son los creadores de empleo y no se les puede espantar, luce muy propia de un sentido común: el de los ricos. La gente que no posee nada salvo su talento y capacidad para el trabajo, lo más que puede hacer es emigrar. Pero siempre hay más. Hay, por ejemplo, una gran reserva de fuerza de trabajo. En la medida en que -siguiendo el dogma- se levanten los controles y dentro de ello, se "sinceren" los precios, como en efecto se viene haciendo, las ganancias suben y la pobreza crece. Con ello se satisface a los de siempre para que no emigren, que no emigren sus capitales, claro. Pero, crece la elongación y con ello el descontento, la rebeldía y la búsqueda de una salida distinta.

En definitiva, vivimos una disyuntiva. Eso explica que no aparezca una salida clara del lado del gobierno, que no sea lo mismo hecho y dicho hasta ahora, y la esperanza de que suban los precios del crudo, mientras subastan las riquezas del país para hacerse de un dinerito y mantener la ruta trazada por "el comandante". Son muchas las oraciones para que suban los precios del petróleo, que acompañan a las que lanzan para que llueva. Pero parece que los dioses le juegan la mala pasada que le hicieron en su oportunidad a otras culturas. No aparecen los milagros sino hasta que así lo determine la naturaleza, o las leyes de la economía del capital.

Por su parte, la mayoría de los factores de la oposición no dicen mucho al respecto, salvo los economistas, que dan la cara de manera ejemplar en favor del capital. Parece que decir lo que piensan realmente, luce impolítico. Razón tienen. Ya con los asomos en la Asamblea Nacional hay suficientes evidencias.

Mientras, los episodios en las tablas del principal teatro de la política, sigue su secuencia. Ya comienza a cansar a muchos. Pero la función debe continuar. Es un riesgo para ambos contenedores. Pero el chavismo busca sacar ventajas no solo con los rezos sino también tratando de sembrar alguna esperanza con la puja de la gran subasta del país.

Sacar a Venezuela de la crisis luce controversial. Producir para satisfacer las necesidades de los venezolanos con bienes nacionales supone un serio compromiso, que pasa por afectar a quienes han buscado la ganancia fácil yendo en contra del interés nacional. Qué decir del popular. Producir venezolano supone proteger la economía nacional. Esto es, nuevas relaciones con el exterior. Nueva política bancaria que, haciendo barato el crédito, se canalice el ahorro social a la producción. Una nueva política impositiva basada en el impuesto progresivo a la producción de bienes y servicios y no el tributo al ciudadano. Una nueva política económica que no afecte al hombre trabajador sino a los que crearon este desastre. Esa debe ser la salida. Seguir el camino griego no parece conducir sino a un mayor desastre.

Tomado de Efecto Cocuyo

Minería: el nuevo saqueo que le puede salvar la vida al Gobierno

Como señalamos en su oportunidad, la propuesta de Rodolfo Sanz podría indicar el camino escogido por el régimen. El alcalde sintetiza ideas más coherentes y factibles, en comparación con las abstracciones y dislates de otros, aunque más antinacional y contraria a los intereses del pueblo. Herido de muerte, el régimen busca renovarse a costa de lo que sea. La caída de los precios del crudo restan buena parte de la base material al despotismo chavista. El falso discurso socialista requiere de riquezas a ser distribuidas para crear una demanda social capaz de realizar mercaderías importadas mientras sustenta y renueva el engaño del socialismo. Así, por el nivel alcanzado por los precios del crudo en el mercado y sin mayores perspectivas para su recuperación en el corto y mediano plazo, se apresta el chavismo a echar mano de las riquezas naturales de Venezuela para subastarlas a los nuevos y viejos postores a fin de obtener recursos de manera urgente y atemperar el estado crítico en que se encuentra.

En encuentro del presidente Maduro en la sede del Banco Central de Venezuela en Caracas con representantes de empresas internacionales de 35 países, se activó lo que llaman el Motor de Minería. Se firmaron acuerdos para la extracción de oro, cobre, diamante, coltan, hierro, bauxita del llamado arco minero del Orinoco que comprende una extensión de 111.000 kilómetros cuadrados. Así, se convocan a la subasta a pujadores diversos, ávidos de comprar a precios de gallina flaca buena parte de las riquezas con que cuenta el subsuelo venezolano. Se jerarquizan, claro está, los nuevos socios asiáticos apuntalando el camino para la incorporación al Bloque Brics y su institución financiera.

Venezuela posee buena parte de las reservas mundiales de torio, que representan el 11% de las reservas mundiales que lo coloca en la tercera posición, superada por India y Australia
Extraña que aún no esté en el escenario la negociación del torio, también en proceso desde hace más de dos años. Venezuela posee buena parte de las reservas mundiales de torio, que representan el 11% de las reservas mundiales que lo coloca en la tercera posición, superada por India y Australia. Se trata de un recurso apetecido por China. Se cumple la lógica imperialista que establece que hay que hacer uso de las reservas de los países dependientes y preservar las propias. Mediante negociaciones leoninas, aprovechando al máximo circunstancias como las que vive Venezuela, los asiáticos se harían del recurso y afianzarían a Venezuela como parte de su mercado y proveedor confiable de este y otros recursos. China es la potencia mundial que más ha avanzado en esta materia y ya tiene proyectos que cristalizarían en menos de 9 años en plantas de envergadura.

A pesar de que los desarrollos tecnológicos para la obtención de energía mediante el uso de este recurso están en proyecto -salvo India, también miembro del bloque Brics-, este nuevo mineral pareciera afianzarse como alternativa frente a otras fuentes de energía capaces de desplazar a las fósiles. En cualquier caso, es un material estratégico que forma parte importante, además, en la industria de nuevos materiales, que seguramente, así como el coltán, su subasta traerá importantes recursos financieros. Ya aparecerán en la palestra noticias al respecto.

De esta manera busca el régimen reconstruir la base material del despotismo. Ubiquemos que la tendencia despótica encuentra en las riquezas de propiedad colectiva o estatal a ser distribuida por la satrapía, la base objetiva para realizarse políticamente. Dada la merma de las ganancias extraordinarias del negocio petrolero, los acuerdos deben ser muy rápidos. Es lo que permitiría partir de las reservas probadas e incluso, de la monetización de un porcentaje de ellas, para recibir recursos de manera más o menos inmediata. Con ello el régimen se presentaría capaz de sembrar una nueva esperanza, perspectiva afianzada por la débil alternativa para la reconstrucción nacional, por lo poco propagada. Además de que la MUD, principal contrincante del régimen, parece no contar con ideas al respecto. Seguiría el régimen la misma política adelantada desde tiempos del presidente Chávez cuando se veía debilitado.

En esta oportunidad, sin descuidar la producción del crudo, brinda el gobierno una amplia gama de minerales al licitador del cual más dependemos. Se profundizaría así la condición de proveedor de materias primas a las potencias imperialistas, principalmente China y, con los recursos obtenidos, cubrir buena parte de la deuda y del déficit fiscal, aparte de crear la demanda de bienes finales -ampliación de la demanda efectiva mediante- de los sectores más depauperados. Solo, que se hipoteca aún más al país.

A partir de la creación de una empresa para la casta militar del despotismo, podrán hacerse de manera directa de recursos que manejarían a discreción, contando con las debilidades imperantes de la Asamblea Nacional que no representa amenaza contralora
Se suma el hecho de que, a partir de la creación de una empresa para la casta militar del despotismo, podrán hacerse de manera directa de recursos que manejarían a discreción, contando con las debilidades imperantes de la Asamblea Nacional que no representa amenaza contralora para este nuevo consorcio. Así, con la atención de estos negocios por parte de la Compañía Anónima Militar de Industrias Mineras, Petrolíferas y de Gas (Camimpeg), creada el 10 de enero de 2016, el despotisto busca hacerse de mayores perspectivas.

Esta empresa no es la primera ni la única de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (Fanb) constituida durante los tres años del gobierno de Nicolás Maduro, se suma a otras diez que abarcan el sector agrícola y de la construcción, entre otros.

El tiempo es el principal enemigo del gobierno. Pero también lo es para la oposición, más cuando no se ve clara la estrategia para salir de Maduro, ni se estimula al pueblo a la participación
En el papel, por la inmediatez planteada en la obtención de recursos, estaría el régimen en capacidad de levantar nuevamente algunas esperanzas para el apaciguamiento de las encrespadas aguas. Aunque para ello deban hipotecar el futuro del país y el afianzamiento del papel de Venezuela en la división internacional del trabajo. El tiempo es el principal enemigo del gobierno. Pero también lo es para la oposición, más cuando no se ve clara la estrategia para salir de Maduro, ni se estimula al pueblo a la participación y movilización en la lucha por el cambio político y por los derechos conculcados, así como el enfrentamiento al alza del costo de la vida, la escasez, entre otros agobiantes problemas. La estrategia de evitar la confrontación por parte de factores importantes de la oposición parlamentaria contribuye con esta tendencia.

La pregunta que surge es si terminará siendo Venezuela la grama sobre la cual han de pelear elefantes, parafraseando la metáfora escuchada recientemente
Otras de las ideas de Rodolfo Sanz no han aparecido aún. Recordemos aquella conseja según la cual debemos salirnos de la Opep y crear un nuevo cartel con productores independientes como Rusia, o sea Brics. Lo que apuntalaría la tendencia de incorporar a Venezuela a un bloque rival del que hegemoniza el imperialismo estadounidense. La pregunta que surge es si terminará siendo Venezuela la grama sobre la cual han de pelear elefantes, parafraseando la metáfora escuchada recientemente. Al terminar la disputa, triunfe uno u otro de los mastodontes, queda destruido un terreno que, siendo fértil, fue convertido en espacio de disputas de grandes colosos. Evitar ese futuro supone partir de una perspectiva nacional no sujeta a imperialismo alguno, aunque se aprovechen sus contradicciones, esto es, actuar con miras a edificar la soberanía nacional y popular mediante la realización de un proyecto autónomo y contando, ante todo, en la fuerzas propias.

Tomado de Efecto Cocuyo

domingo, 10 de enero de 2016

Las 22 ideas peregrinas del nuevo ministro de economía, Luis Salas

El nombramiento del nuevo ministro de economía productiva Luis Salas nos lleva a leer sus propagadas-tesis contenidas en el folleto editado por la editorial El perro y la rana, titulado 22 claves para entender y combatir la guerra económica. Un primer juicio es que se trata de un batiburrillo que resume ignorancia e incoherencia. Aun cuando estamos alejados del estilo del debate político que se ha impuesto en Venezuela —basado en la diatriba encendida y estridente, pero a la vez escondiendo los principales problemas del país—, analizar las letras contenidas en el escrito del nuevo ministro de economía Luis Salas nos lleva a esta dura sentencia, que nada tiene que ver con el sainete de marras: en este escrito se aprecia claramente un desconocimiento sobre cuestiones fundamentales y de primer orden de la economía y, por tanto, de los problemas nacionales.

Hay que hacer un esfuerzo adicional para comprender lo redactado en el folleto en cuestión. Se convierte, sí, en un alerta que nos permite asegurar que —de adelantarse una política económica basada en estas ideas— se profundizará el desastre que vive Venezuela. Arranca la clave número 1 con un claro desconocimiento acerca de la inflación. Dice el autor:  La inflación no es una distorsión de los mercados. Es una operación de transferencia de los ingresos y de la riqueza social desde un(os) sector(res) de la población hacia otro(s) por la vía del aumento de los precios. En lo fundamental, esta transferencia se produce desde los asalariados hacia los empresarios, pero también desde una fracción del empresariado hacia otra fracción de los mismos.

Eso lo genera la inflación pero no la define. La inflación es producción de papel moneda sin respaldo. Sólo eso. De allí la necesidad del equilibrio fiscal con base en el crecimiento y desarrollo económico y no en la reproducción de papel moneda. No distingue el autor la diferencia entre papel moneda y dinero. Apenas señala una consecuencia: la afectación en la distribución de la riqueza en favor de unos capitales, los que más centralización han alcanzado, no concentración como señalara el autor. La inflación empobrece a los trabajadores y conduce a más explotación del trabajo. Por ello la inflación es una tendencia dominante en el régimen de producción capitalista. Pero la responsabilidad de la inflación la tiene el gobierno que emite papel moneda sin hacer nada por el crecimiento y desarrollo económico del país que permitirían que la cantidad de dinero circulante esté en correspondencia con la masa de bienes y servicios a ser transados, con lo que no habrá incremento de los precios vía inflación. Para que esto sea así se debe cumplir con el principio según el cual: "... la emisión de papel moneda debe limitarse a aquella cantidad en que sin él circularía necesariamente el oro (o la plata) representado simbólicamente por ese papel" (Marx, El capital, tomo I, capítulo 3).

No ubica el autor que una cosa es inflación y otra aumento de precios. La inflación es aumento de precios, pero no todo aumento o disminución de precios es inflación o deflación. Este error en el que incurren muchos economistas —algunos sin reflejar tanta ignorancia como en el caso que nos ocupa— crea confusión y nos aleja de otros problemas. 

Es por ello que, bajo esas premisas, el autor se mete en otras ideas erróneas cuando afirma en la clave 2 que: "... de lo que estamos hablando es de especulación, usura y acaparamiento". No ubica el novel ministro que las inexorables leyes del capitalismo —tan sólidas como las que se cumplen en otras formas en que se expresa la materia, valga el caso de la ley de la gravedad— conducen a la realización de estas tendencias. La inflación, que es una responsabilidad exclusiva del gobierno, conduce a una presión de demanda ya que la gente busca salir del dinero y hacerse de bienes para proteger un tanto sus ingresos. Esa presión de demanda hace que suban aún más los precios. Esto es, se crean condiciones para que la especulación se afiance. Recordemos que uno de los componentes fundamentales de la economía capitalista es el principio según el cual todo comerciante busca comprar barato para vender caro. Si las condiciones del mercado le permiten vender muy caro y obtener jugosos beneficios, pues, bien, lo hace. De allí que el principal estímulo de la especulación proviene del gobierno. Además de que sabemos que quienes han estimulado y hasta organizado a los bachaqueros son los mismos agentes políticos del gobierno. El comercio del cemento, para poner un ejemplo, es controlado por el gobierno, su precio se incrementa en la intermediación a escalas insólitas. En Nueva Esparta, por ejemplo, un saco de cemento cuesta dos mil bolívares. Bajo control del gobierno.  


Sumemos que, como resultado de la política económica erosiva del aparato productivo durante este largo período, se han creado niveles de escasez nunca alcanzados en la historia moderna de la economía venezolana. A la presión de demanda producto de la inflación se suma la de esta circunstancia. La escasez, la inflación y la vigencia de tres tipos de cambio oficiales, más el mercado paralelo, hacen que los precios sean propios de la especulación. La guerra económica la adelanta el gobierno. No sólo es el responsable, también la alimenta y muchos de sus agentes le sacan beneficios.


En las claves número 3 y 4, Luis Salas hace gala de su idea subjetiva en relación con el asunto de los precios. Desde la perspectiva de Marx el asunto es a la inversa a como lo aprecia Smith, en el sentido de que el afán de lucro es el resultado de la función de la producción capitalista. No es el afán de lucro lo que determina la función de la producción y las relaciones capitalistas. De la condición objetiva que supone la producción de plusvalía, junto a otras leyes del desarrollo capitalista como el comportamiento de la cuota de la ganancia, emerge una forma de conciencia en correspondencia. De tal manera que las determinaciones del precio obedecen al valor de las mercancías y no al afán de lucro. Es un hecho objetivo. Sus fluctuaciones obedecen a la relación entre oferta y demanda. Circunstancia que, en condiciones normales de una economía burguesa, se presenta de manera transitoria. Hablamos de una economía productiva.

Remata en la clave 5 con esta perla: "La inflación no existe en la vida real". Idealismo grosero que parece ser burla de lo que viven los venezolanos cuando van a comprar cualquier mercancía. La inflación es una de las formas como se expresa el incremento de los precios como resultado de la emisión de papel moneda sin respaldo lo que hace que el signo monetario pierda su condición de equivalente universal.

Pero la incomprensión o ignorancia al respecto llevan a que el nuevo ministro llegue a la conclusión en la clave 6 de que: "El control de precios en los mercados es un falso problema porque en los mercados los precios están controlados: en realidad, cuando los economistas se refieren al control de los precios como problema, se están refiriendo al control de precios por el Estado". La ley del valor establece que el precio se determina en torno del tiempo de trabajo socialmente necesario para la producción de un bien. Cuando la fuerza de la oferta y la demanda de un bien se encuentran anuladas, el precio se sitúa en torno del valor. Por ello la idea del precio justo es una cosa tonta. En el precio de una mercancía se incluye a) lo correspondiente al pago del salario de los trabajadores, esto es, el capital variable en el que invierte el capitalista; b) lo atinente a los medios de producción; y c) la plusvalía de la que se apropia el capitalista en su condición de dueño de los medios y del proceso de trabajo y producción. No es el oferente quien determina los precios. Es un hecho objetivo. Por eso es que la teoría objetiva del valor —cuyos padres son William Petty, Smith y Ricardo y que fue elevada al mayor rigor científico por Marx— parte de la premisa de que es el trabajo lo que determina el valor de la mercancía. No es la idea metafísica mercantilista de que el mercado determina el acrecentamiento de la riqueza, ni la teoría subjetiva que establece que el precio lo determina la relación de necesidades ilimitadas y bienes escasos. Pero el mercado se mueve. Momentos en los cuales cae la demanda caen los precios. Aumenta la demanda en relación con la oferta, los precios suben. O bien, cuando el desarrollo de las fuerzas productivas hacen que el valor de los bienes sea menor, porque el tiempo de trabajo socialmente necesario es menor, el precio de la mercancía cae. Es lo que confunden muchos economistas con deflación, aunque esta también existe pero sujeta a cuestiones atinentes al circulante limitado de papel moneda en relación con el volumen de bienes en circulación. Así, mientras en Suiza los precios de las mercancías caen, producto de la deflación y el incremento de la productividad del trabajo, en Venezuela contamos con la mayor escalada de precios del mundo, siendo la inflación más de 300% el año pasado. Esto parece ignorarlo el ministro. Seguramente en Suiza el afán de lucro es similar al de Venezuela, sólo que las leyes de las relaciones de producción y de cambio se les imponen a los capitalistas suizos. Esto es, los precios son más bajos no porque los empresarios suizos tengan mejor corazón que los nativos.

La clave 7 resume una falsedad y una justificación. Los altos precios pueden representar una tendencia histórica ciertamente, pero sujeta a políticas económicas que pueden atemperarla e incluso anularla. Lo que no supone un cambio en las relaciones de producción. Dos cuestiones que se verían expresadas es que se eliminaría un mecanismo de mayor explotación del trabajador y, por ende, de mayor ganancia del capitalista. Que la especulación pudiese ser controlada no significa que desaparezca el principio del comercio capitalista de comprar barato para vender caro. La herencia de un tal modelo y de una intención de la burguesía parasitaria para que no sea cambiado solo indica su naturaleza antinacional, con lo cual el régimen chavista ha sido consecuente.

El corolario de estos escritos es la temeraria conclusión a la que llega en la clave 13 donde sentencia que: "La guerra económica es la reacción del sistema capitalista para conjurar el germen socialista que lo amenaza". Luego de indicar que el praneo es la base del orden burgués, malinterpretando a Smith y mucho más a Marx, señala el ministro que esta supuesta guerra económica se ve sustentada en la acción de pranes que crean inflación, escasez y acaparamiento.

Como podemos apreciar, Luis Salas apenas indica un sui géneris conjunto de ideas acerca de la supuesta guerra económica, una que otra idea de cómo enfrentarla, pero nada coherente en relación con el diseño de una política para superar la crisis. Las claves 19, 20, 21 y 22 son la reivindicación de los controles al margen de una política económica de contenido nacional y popular. El subjetivismo e ignorancia de la ciencia económica —junto con la reivindicación de criterios que pretenden mantener un sistema de controles que afianzan la especulación— profundizarán la catástrofe que vivimos. Los controles deben existir de cara al crecimiento y desarrollo económico. Control de calidad para que la producción nacional sea cada vez más competitiva. Control de precios en el marco del crecimiento sustancial de la oferta de bienes y servicios de producción nacional. Control de las importaciones y el otorgamiento de dólares preferenciales para bienes de producción que permitan elevar el producto interno. Pero el control para el chantaje en un contexto de erosión del aparato productivo conduce a un incremento de la especulación.

Salir de este desastre supone antes que nada un análisis riguroso acerca del origen y naturaleza de la crisis. De allí la posibilidad de definir alguna política económica. Partimos de considerar que toda política económica conduce al favorecimiento de un sector de la sociedad en detrimento de otro. En Grecia, caso emblemático de estos tiempos, se asumió en medio de una crisis profunda una política económica que busca aumentar la capacidad de crédito para así cumplir con los requerimientos de la banca internacional que busca asegurarse el retorno de los créditos otorgados de manera ligera, por decir lo menos. Se le saca del bolsillo al trabajador para cumplir compromisos contraídos que para nada se tradujeron en desarrollo de las fuerzas productivas.

En Venezuela —amparados en el precepto constitucional de alcanzar el equilibrio fiscal con base en el crédito público—, la política económica parece dirigirse en la misma dirección. Mermados los ingresos petroleros se busca incrementar la recaudación fiscal tributaria, mientras se aumenta la deuda pública interna y externa. Pero no se toma medida alguna que atienda lo fundamental de la economía. Esto es, no se toma ninguna decisión que permita un crecimiento de la producción, lo que supone una canalización del ahorro social para la inversión productiva. En ese sentido, el sociólogo Luis Salas parece un buen partido para darle continuidad a las orientaciones que profundizan el desastre y la entrega del país al gran capital internacional y favorecen a los importadores, especuladores y usureros.

Carlos Hermoso
7 de enero de 2016
(*) Trabajo realizado para www.efectococuyo.com

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Hacia dónde vamos con la nueva Asamblea Nacional

Hemos dicho que el despotismo en Venezuela es directamente proporcional al comportamiento de los precios del crudo. Si partimos de que la base material del despotismo en nuestro país la encontramos en el petróleo, entonces es una tendencia de larga data. Un siglo lleno de vaivenes pero siempre la tendencia despótica ha estado presente desde Zumaque I. El despotismo se explica en la distribución, por parte del déspota, de un recurso de propiedad colectiva, estatal, y en Venezuela data desde el decreto de Simón Bolívar para tales efectos, firmado en 1829 en Quito, a su vez herencia de la corona española.

Esto es lo que le ha permitido al Estado venezolano hacerse de inconmensurables riquezas bajo ese principio. Chávez se convierte en lo más conspicuo de esta forma de dominación. Personalidad carismática que logró seducir a los más pobres y buena parte de los sectores medios, de la intelectualidad, entre otros, mientras se acordaba con la oligarquía financiera una Constitución a su servicio que incluía aspectos contemplados en los acuerdos multilaterales de inversión (AMI), como el trato igual de capitales. Unido a lo cual se instaura un régimen político con sustento eleccionario.

Al recordar esto, no planteo que la riqueza petrolera y otros recursos no deban ser propiedad estatal, pero sí que su uso debe realizarse con base en la inversión para el desarrollo nacional y estar sujeto al dictado colectivo y democrático y no para aumentar el engreimiento del déspota de turno. Debe servir la riqueza petrolera para alcanzar la soberanía y satisfacer las demandas populares. No para que la distribución de la renta haga más ricos a los ricos y satisfaga las demandas de la oligarquía financiera.

Fuera de la escena el personaje en cuestión —asumido el legado por una personalidad mucho menos capaz para el engaño, y unida a esto una tendencia marcada a la caída de los precios del crudo—, el despotismo recibe serios pesos que parecen llevarlo al derrumbe. La política económica y social que brindaba recursos a amplios sectores ya no encuentra en la renta petrolera el recurso para su realización. En vez de apalancar el desarrollo del país, esta política condujo a la sustitución de la producción nacional por importaciones con los dólares obtenidos en el negocio internacional del crudo. Y como corolario queda la destrucción del aparato productivo, lo cual demanda de un cambio urgente en la conducción del país para su reconstrucción. De allí surgió la rabia expresada de dos maneras el 6 de diciembre. De una parte, la voluntad de los opositores a depositar su voto en la tarjeta de la mesa de la Unidad Democrática (MUD) en contra del gobierno, para darle mayor eficacia a la respuesta electoral. De otra, la inhibición de buena parte de los chavistas ante el descontento producto de los mismos problemas que sufren las grandes mayorías sin distingo, entre ellos la entronización de la inseguridad. Un sector chavista, que parece ser pequeño, voto también por la tarjeta de la MUD u otra de la oposición.

Ello explica que los despotizados —aquellos que reivindican esa irracionalidad expresada en el afecto al Comandante supremo, en el amor al déspota, y quedan subyugados a éste— se sientan traicionados por “esos pobres que recibieron un apartamento y comida, hasta elevarlos a clase media y hoy se inclinan a favor de la oposición”. No ve el despotizado que la vivienda es un derecho conculcado durante décadas, sobre todo en los últimos lustros. No ve que la alimentación es un derecho consagrado en la Constitución. Se atreven a decir que Chávez les dio vivienda y ahora lo traicionan. Pero quienes así piensan, quienes así se expresan de los “pobres desleales”, son aquellos que ven en el despotismo, en el déspota más bien, un fetiche que le permite legitimar aquello que señalara Marx —palabras más, palabras menos— de que el despotismo encuentra su base objetiva en la distribución por parte del déspota de la riqueza que depara la explotación de un recurso de propiedad colectiva. Por ello ahora el chavista parece querer desquitarse en los propios chavistas. Buscan hasta someter al escarnio a quienes se inhibieron. A despreciar a quien cambió de bando dada la decepción sufrida. El espíritu despotizado en muchos chavistas los lleva ahora a castigar a quienes los engañaron o traicionaron.

Pero la rotunda derrota sufrida por el chavismo era de esperarse. Solamente las mentes irracionales no podían ver que el descontento se traduciría en la inclinación el voto popular hacia la oposición y la inhibición del votante chavista como propensión. Dado el sistema electoral implantado en Venezuela, que viola el principio constitucional de representatividad proporcional, menguada en relación con la Constitución de 1961, el que gana obtiene de manera desproporcionada la representación parlamentaria. Así, la MUD obtiene más de 70% de la representación con poco menos del 60 % de los votos.

Nuevos escenarios asambleísticos...
Se abre un período bastante controversial. Por más que busquen entendimientos como los alcanzados desde 2013 a la fecha, cada sector recibirá las presiones de sus seguidores y de la propia realidad. Además, recordemos que la fractura en el chavismo está en pleno desarrollo y ebullición. Que no se exprese en mayores rupturas se debe a la búsqueda de maneras para frenar el derrumbe. Por su parte, la MUD —disminuida en cuanto a número de integrantes, con dueños claramente identificados— sufre lo propio. Más cuando es claro que la votación obtenida no supone un apoyo a sus políticas. La llamada economía del voto, principalmente para causar mayor castigo, es lo que le permitió sacar tal respaldo electoral, por lo que es de esperarse que en la oposición, representada en el parlamento, se produzca alguna que otra fractura. Sin embargo, creemos que en las primeras de cambio serán de poca monta, dada la autoridad política alcanzada por la MUD como institución, aun cuando no ofrezca nada salvo derrotar electoralmente al chavismo, a partir de lo cual se iniciaría “el cambio”, cuyo carácter y contenido son desconocidos.
La mayoría calificada de la MUD en la AN cuenta con facultades que le permiten convocar referendo revocatorio, hacer reformas constitucionales, producir cambios en los poderes públicos como el Tribunal Supremo de Justicia, la Defensoría del Pueblo, entre otros. Mucha gente voto por la MUD para que se produzcan medidas para hacer estos y otros cambios. Pero, como sabemos, el régimen desde el Ejecutivo y desde las otras instancias del poder tratará de frenar cualquier medida que signifique más pérdida de sus espacios conseguidos de manera arbitraria. A su vez, se trata de una circunstancia que pondrá en el tapete aquello de la heteronomía del poder burgués en medio de la profunda crisis que sufre Venezuela. Esto es, la llamada autonomía de poderes —ficción que permite legitimar las relaciones burguesas— querrá ser “rescatada” en este período por la MUD, aunque la contratendencia se verá expresada en la connivencia para la atención de los asuntos que ponen en riesgo el orden. Ubiquemos que a la MUD, por ejemplo, no le va mal con la Constitución vigente dados los artículos de orientación liberal que anulan las posibilidades de realización de los derechos ciudadanos, en tendencia, y que favorecen a la oligarquía financiera como el trato igual de los capitalista nacionales y extranjeros y lo concerniente al crédito adicional para alcanzar el equilibrio fiscal, principalmente. Asuntos que también serán obviado, colocando el centro de "los cambios" en cuestiones subalternas, dentro de un estilo de retórica encendida que no alude para nada a cuestiones fundamentales.
La mayoría calificada obtenida por la MUD, a su vez, pudiese permitirle al chavismo jugar con dos perspectivas. Descargar en la Asamblea Nacional algunas facultades y medidas, sobre todo de naturaleza económica y para compartir costos políticos dados los efectos nocivos que tendrían sobre los sectores populares, resume la primera. De caer en esta trampa, sin dudas que la oposición parlamentaria decepcionará a buena parte del electorado que le brindó su apoyo en aras de cambios en su favor. Algo de coherencia puede encontrar el gobierno con la oposición al frente de la AN, de mantenerse la política económica tercamente seguida durante tres lustros. Nos guiamos en esta afirmación por los intereses de clase que representan ambos bandos: el mismo.
Una segunda perspectiva, articulada con la anterior, es la de restarle facultades a la AN, a la mayoría calificada de la MUD. Sobre todo en materias políticas, el chavismo tratará de frenar la acción de la AN en combinación con el irrespeto a su investidura, apoyándose en la movilización hacia el parlamento de alguna de su gente para crear presión. Se trata del enfrentamiento permanente y la diatriba encendida para satisfacer los oídos del chavismo duro, mientras los convenimientos y maniobras guiarán permanentemente la acción política de los bandos. Seguramente se seguirá fraguando el convenimiento para salvar a Maduro y en términos más generales, al sistema. Ubiquemos que la naturaleza de la crisis demanda medidas en una dirección u otra. O a favor del interés nacional y popular, o en aras del continuismo de la dependencia del imperialismo chino o estadounidense, mientras se convienen en el saqueo de las riquezas del país. Se trata de una etapa que dará continuidad a la participación tras bastidores del poder imperialista. Yanquis, chinos y rusos, principalmente, se convierten en factores de primer orden para tomar determinaciones en el curso de los acontecimientos.
Se trata de un proceso muy contradictorio y controversial. Si hasta la fecha hay connivencia para sostener a Maduro —lo que llevó a la ruptura de la unidad política en torno de la MUD en 2014—, debe haberla, y con más razón, para este período. Pero a su vez, hay presiones. Las propias del gobierno para mantener sus espacios del poder público así como las demandas políticas de sus bases, dentro de contradicciones que abarcarán cada vez más a los sectores medios y de base. La MUD sufre lo propio, más cuando están claros en que el voto no fue a su favor sino en contra del gobierno. El apoyo de masas a la MUD seguirá siendo tímido mientras no se disponga a confrontar en favor de las demandas populares. Ese es un aspecto que le pudiese restar empuje a quienes hoy gozan de mayoría calificada en la AN.
Somos de la idea de que el chavismo se nucleará en torno de Maduro. No cuentan con la fuerza como para sacrificarlo. Tampoco la tienen como para negociar una salida con su presencia. La percibimos como una situación contradictoria. Pero tampoco la MUD cuenta con una fuerza suficiente como para trabajar en lo inmediato por su salida. Es más, habría que ver si en verdad quieren salir de Maduro. Y es que la crisis económica y social es de tal magnitud que buena parte de los factores de la oposición y del gobierno podrían guardar algo de compromiso para sostenerlo, dentro de un pacto histórico entre los factores del orden para mantener el sistema capitalista dependiente. En buena medida eso es lo que explica la postura de la MUD en los tres últimos años.

Perspectivas
La crisis que sufre Venezuela es de tal magnitud que demanda para su superación positiva de la realización de un programa de carácter nacional y popular, capaz de liberar las fuerzas productivas mientras se profundice la democracia. Ni la MUD ni el chavismo están interesadas en eso. Las diferencias entre estos factores del poder ciertamente existen. Incluso, son serias las contradicciones y la principal es el jugoso botín que supone el control del aparato de Estado en Venezuela. Representan cada factor intereses diversos de la oligarquía y de un imperialismo u otro, o de varios. Todo indica, por ejemplo, que los chinos muestran disposición y complacencia a negociar con la alternativa que representa la MUD. El chavismo, por su parte, nunca ha dejado de hacerlo con Estados Unidos. Unos representan un sector u otro de la oligarquía. El chavismo, por ejemplo, siempre ha tenido el sector importador en ventaja frente al capital productivo. El sector bancario en nada puede quejarse del chavismo. Para solo citar ejemplos emblemáticos de los intereses que representan. Las mafias chavistas cuentan con un inconmensurable volumen de riquezas que de seguro vienen articulándose a jugosos negocios con la banca, la especulación financiera, la importación, entre otros business. La corrupción, como mecanismo de acumulación de capitales, ha dejado lo propio en manos de estas mafias que hasta aparecen vinculadas al narcotráfico, si nos fijamos en la detención de familiares del matrimonio presidencial. Entretanto, sectores de la MUD pugnan también por convertirse en alternativa, pero para la oligarquía y el imperialismo.
Hay claros visos por parte del chavismo de querer compartir algo a cambio para mantener la connivencia de sostener a Maduro al frente de la primera magistratura. Pero los compromisos de lado y lado y las ansias por hegemonizar el control del aparato de Estado, en medio de la profunda crisis, harán profundizar las contradicciones a puntos de ebullición. Aunque la respuesta popular, la protesta de calle, sobre todo, pudiese hermanarlos como aconteció a raíz de los eventos de febrero-junio de 2014.
Ambos factores están conscientes de que la crisis de Venezuela es muy severa y demandará de medidas muy drásticas para el pueblo y el interés nacional, de cara a los sectores que representan. Esto es, por ser factores al servicio de la oligarquía financiera, se inscriben en la perspectiva de satisfacer sus demandas con una recomposición de la economía que les brinde los beneficios esperados. Sobre todo cuando el peligro del sistema esté en juego. Ello supone una política económica que volcará el peso de la crisis en las espaldas del pueblo trabajador y de los más necesitados. Las diferencias se pudiesen inscribir en la evasión que querrá hacer un sector u otro de las consecuencias y la raíz de esas políticas acusándose unos a otros. Por lo pronto, parecen hermanados en el aumento de la gasolina, con todo y la drástica caída de la demanda de la gente para adquirir lo básico para vivir.

La Asamblea Nacional con mayoría calificada de la MUD, debería...
Somos de la idea de que los asuntos a atender por la nueva AN, desde una perspectiva nacional y popular, pueden ser ordenados. En primer lugar los cambios contingentes y constitucionales en función de la salida de Maduro. Recordemos que a partir de abril de 2016 se puede activar el proceso revocatorio. Más allá, puede producir medidas en función de una constituyente o arrogarse la propia AN tal condición dada la mayoría calificada con la que cuenta. Cambios en la Carta Magna que afectan severamente la economía venezolana, comenzando por el artículo 301 que garantiza el trato igual a los capitales extranjeros que a los nacionales. El equilibrio fiscal con base en la deuda pública vía créditos adicionales debe ser borrado de la Constitución. Ubiquemos que este endeudamiento se realiza con base en una gran discrecionalidad dados los parámetros que se fijan para adquirirla. El equilibrio fiscal debe alcanzarse con base en la producción de bienes y servicios. Eso sí debe contar con rango constitucional.
Asimismo, puede la AN producir medidas en favor de los trabajadores atendiendo las modificaciones que se demandan de la Ley Orgánica del Trabajo en cuanto a que vulnera la autonomía sindical. Bajo el argumento de que como el Estado “está” a favor y “al servicio” de los trabajadores y del pueblo, e impulsa una “revolución socialista”, la acción sindical debe supeditarse al Estado y al gobierno. De allí que los funcionarios del Estado deben estar al servicio de la “revolución” (art. 45 de la CRBV; art. 21 DLOTTT), y por consiguiente, las nuevas relaciones deben irse fomentando por la vía del impulso de cooperativas, comunas, estatización de propiedad privada, EPS, etc., no por elevación de fuerzas productivas. La destrucción de fuerzas productivas que el régimen ha aupado es una acción retrógrada pintada de igualitarismo. Bajo esta orientación, además, se afianza el sistema de seguridad social sobre la renta petrolera. Consolidan y fomentan relaciones laborales desreguladas, flexibilizadas y anarquizadas, amparadas por discursos de solidaridad, trabajo “voluntario”, cooperación, etc.
La AN debería derogar decretos-leyes firmados por Chávez desde 1999 referidos a acuerdos de doble tributación con países imperialistas y de alto desarrollo tecnológico, por los que el Estado deja de percibir más de 17 mil millones de dólares cada año. Cuestión que hasta algunos pensadores chavistas lo han planteado. Asimismo, puede la AN derogar decretos-leyes sucesivos de promoción y protección de inversiones extranjeras que permiten garantías que comprometen el interés nacional.
Puede la nueva AN derogar acuerdos y compromisos internacionales que lesionan el interés nacional, tal como el acuerdo con China para la elaboración del mapa hidrogeológico en una superficie de 927 mil kilómetros cuadrados, el territorio nacional menos una ñinguita, que lesiona severamente nuestra soberanía nacional. Igual tratamiento debe darse a la presencia de Venezuela en Mercosur. Mientras no se alcance una escala de disminución de las asimetrías en relación con países como Brasil y Argentina de tal magnitud que permita la mayor competitividad en distintos rubros, mientras se protege la producción nacional, nuestro país pierde en este tipo de integración, mientras favorece a los más desarrollados.
Estos son aspectos fundamentales a exigir a la AN y la mayoría calificada. Todas estas disposiciones y más le darían un carácter de cambio verdadero a la nueva AN. Debe comenzar, por supuesto, con una amnistía abarcante de los presos y exiliados políticos.
Somos de la idea de que es mucho pedir lo escrito en los párrafos anteriores. Creemos que, por el contrario, esta AN se verá envuelta en serias contradicciones e inconsecuencias. Aunque las contradicciones pudiesen llevarla a decisiones que en el marco de la profunda crisis general desemboquen en rupturas de significación. En el transcurso, se deben apoyar aquellas medidas que permitan ejercer la función contralora de la AN. Que rescate su carácter deliberante y de foro sobre asuntos de importancia nacional. Que combata la corrupción y garantice la unificación presupuestaria. Si se atreve a activar la política y las medidas que conduzcan al revocatorio, hay que brindar todo el apoyo, unido a una política que vaya más allá de la mera salida del Presidente. Esto es, impulsando el programa político como base para superar la crisis y reconstruir el país sobre las bases de la democracia, el desarrollo y el bienestar.
Todo esto supone un proceso muy complejo que debe conducir a una política de unidad y alianzas en correspondencia con las tendencias, acontecimientos y objetivos. Las luchas están por venir en corto tiempo. La disposición de la gente a pelear ya no podrá ser frenada bajo la estrategia de esperar otra fecha electoral. La unidad de los factores políticos y sociales pudiese avanzar en una dirección inédita, a eso debemos estar preparados para asumir la avanzada en el proceso de articulación de fuerzas. La que corresponde a los sectores sociales en conflicto puede ser una constante dada la clara orientación de descargar en los trabajadores el peso de la crisis, a ello debemos brindar nuestros mayores esfuerzos.

Carlos Hermoso

Caracas, 16 de diciembre 2015

jueves, 29 de octubre de 2015

Universidad en trance


La incertidumbre forma parte de los llamados paradigmas que prenden en la conciencia de algunos de quienes conforman la comunidad universitaria. Como corriente filosófica dentro de las universidades del mundo occidental tiene asidero, pero otra cosa es cuando es el resultado de la vivencia universitaria. En las actuales condiciones de las universidades venezolanas, forma parte de un espíritu que agobia la cotidianidad. Incertidumbre en medio de un conflicto sin precedentes en la manera como se origina y como se desarrolla y es conducido, hasta llenar el campus de una soledad cuya compañía es un hamponato diverso que hace huir a cualquier morador de la comunidad.

Nace esta crisis como resultado de un proceso de descomposición que ya toca fondo. Nace, si atendemos lo fundamental, como resultado del cerco presupuestario y el deterioro de las condiciones del trabajo académico y de vida de quienes integran la comunidad. Estudiantes, profesores, empleados y trabajadores sufren de un desgaste material y espiritual que los hace sucumbir ante la más grande ofensiva contra la universidad.


Por eso, nace luego de mucho rato sin que exista respuesta ni propuesta académica frente al país, con el agregado de que en la universidad el espíritu de Hermes parece haber desplazado al de Prometeo. Esto explica por qué el actual conflicto se desarrolla y es orientado en un camino que afianza la incertidumbre.

Se configuran tiempos que nos llaman a reivindicar principios fundantes de una ética universitaria capaz de sembrar una cultura en la conciencia de la comunidad que pueda convertirse en fuerza material transformadora. La universidad como espacio democrático de encuentro supone lucha y propagación de ideas. La universidad como espacio que permite el rescate y reivindicación de lo positivo de la cultura universal. Como espacio para alcanzar la verdad. Que coloque a cada universitario como sujeto capaz de ponerse al servicio del saber y la búsqueda de la verdad sin que priven intereses subalternos. Que luche por hacer valer el principio de la gratuidad de la educación y de garantía de las condiciones laborales dignas para el docente-investigador y trabajador universitario, tal como lo establecen las leyes de la República.

¿Podremos pensarnos de manera crítica y autocrítica? ¿Podremos asumir nuestra condición con la profundidad y el compromiso que nos demandan? ¿Seremos capaces de asumir este conflicto de manera radical? De ser así, habremos dado un paso fundamental para enfrentar los retos que tenemos por delante. 

Por lo pronto, un conflicto que parece abstraído de la realidad, merece una atención y una disposición que lo enrumbe hacia propósitos claramente definidos. A estas alturas hay quienes aún se preguntan acerca de sus objetivos y metas. No es para menos, toda vez que no se han plasmado en una petición única las demandas institucionales, de profesores, de los empleados y obreros y de los estudiantes. Sumemos la estrategia realizada nada clara en cuanto a formas de lucha, organización y participación. Definición de etapas ni estrategia de negociación. 

La institución universitaria pública demanda un presupuesto que le permita alcanzar sus metas académicas, de investigación y extensión. El deterioro sufrido en los últimos lustros limita estas funciones. Parecen empeñarse en limitarla tanto como la que se ha producido en el aparato productivo de país. Tanto que se ha limitado el desarrollo cultural, mientras se estimulan abyectas conductas violentas en la sociedad. Por eso, existen sobradas razones para exigir presupuesto justo que permita el normal funcionamiento y mayor desarrollo de una institución que debe estar al servicio del desarrollo nacional.

Los estudiantes parecen ubicar el drama de manera parcial. Condiciones de vida y ambiente universitario en franco deterioro parecen no ser suficientes razones como para despertar las mentes jóvenes a asumir el reto que supone cambiar la universidad. Para algunos, una beca igual un salario parece una consigna exagerada. Muchos de quienes gozamos de ese derecho en tiempos pasados podemos afirmar que su monto estaba ciertamente por encima del salario mínimo vigente. El incremento de la matrícula, que supone incremento de la demanda de servicios, encierra una justa petición estudiantil. Por ende, deben incrementarse las providencias presupuestarias para tales efectos. En medio del conflicto parece lógico que el movimiento estudiantil levante peticiones que satisfagan estas demandas.

El profesorado, por su parte, no logra establecer con claridad cuáles son las metas a alcanzar así como la estrategia a seguir, más cuando el conflicto ahora se articula a condiciones que impiden el comienzo del período escolar. Somos de la idea de que se debe reivindicar la homologación del sueldo de manera más rápida. Esto es, la aspiración debe ser la escala móvil de salarios que permita enfrentar una escalada de precios que ya se percibe en el día a día. Ya vimos que el incremento salarial de 170% se quedó corto en relación con la inflación y el incremento de precios. Lo mismo sufren empleados y obreros. Este planteamiento bien puede unificar a todos los sectores de la universidad venezolana. 

Estas ideas bien pueden servir de base para la más amplia y sólida unidad universitaria para enfrentar el conflicto que sufrimos y darle perspectivas. Unidad que puede abrir la posibilidad de crear una dirección política capaz de articular las fuerzas y el talento que permita despertar el espíritu de cambio universitario. A ello brindaremos nuestros más caros esfuerzos. 

Caracas, 26 de octubre 2015
Carlos Hermoso